Retrato espiritual de Madame Acarie por François de Sales

Retrato espiritual de Madame Acarie por François de Sales

San Francisco de Sales (1567-1622) fue confesor de la Señora de Acarie, en 1602, durante algunos meses.
Observó :

  • sus dones excepcionales bajo todas las formas
  • su vida en Dios en todas sus actividades: conyugales, maternales y "mundanas" (en el mejor sentido del término)
  • su discreción extrema por las gracias que recibía,
  • su gran humildad y su gran amor de la verdad.

Palabras de San Francisco de Sales :

  • A la priora de Orleans, hija mayor de la señora de Acarie: " jamás yo miraba a su madre bienaventurada, sin sentir provecho personal ".
  • En sus elogios de la señora de Acarie, recogidos en muchas ocasiones "no la veía como penitente, sino como un vaso sagrado para uso del Santo Espíritu ".
  • " Soy aficionado y admirador de esta alma santa "

LA AMISTAD ESPIRITUAL DE FRANCISCO DE SALES HACIA LA SEÑORA ACARIE (2ª parte)

por la hermana Anne-Thérèse, carmelita.

Francisco de Sales no apreció mucho el retrato de la señora Acarie…
Les propongo descubrir, a través de un paseo por sus declaraciones y escritos, el retrato espiritual que él mismo trazó.
Es cierto que Francisco de Sales no ha hablado de la señora Acarie de manera continuada ¡ni completa! Sin embargo, a través de sus cartas, sus entrevistas espirituales y algunas confidencias a diversas personas, nos hace compartir su admiración por esta mujer brillante, y pone en valor los aspectos de su fisonomía espiritual que le han marcado especialmente, esto es :

  • la extrema discreción respecto a las gracias que ella recibía,
  • la declaración insistente de lo que ella consideraba su miseria espiritual,
  • el carácter particular de sus confesiones.

En fin, veremos que la consideraba colmada de todos los dones del Espíritu Santo. De la intensa vida espiritual que de esto se desprende, nos centraremos en uno de los aspectos que Francisco de Sales juzgaba un deber absoluto : el de alabar a Dios.
En resumen, veremos que Francisco de Sales no dudaba en ver, en la señora Acarie, una santa auténtica desde su fallecimiento ¡e incluso antes!
El método seguido ha consistido en preparar, o más bien en explicitar y destacar las declaraciones de Francisco de Sales, generalmente poco desarrolladas, a través de citas de la señora Acarie o de testimonios de sus allegados, que estos últimos han depositado poco después de su muerte (esto es, entre 1618 y 1621) y, por lo tanto, antes de la muerte del Santo (fin de 1622) y la aparición de las primeras biografías en 1624.
De esta forma, hemos querido mostrar que Francisco de Sales venía a autentificar con su testimonio lo que ya se decía y se escribía de la señora Acarie desde su fallecimiento. (Las fechas de algunas declaraciones posteriores serán señaladas en su momento o en las notas al final).

Admiración de Francisco de Sales por la señora Acarie

En una carta de septiembre de 1620 a la hija mayor de la señora Acarie, priora del Carmen de Orleáns, Francisco escribe : “¿Osaría yo hablar en confianza a su corazón? NO HAY VEZ QUE NO PIENSE EN VUESTRA BIENAVENTURADA MADRE SIN SENTIR UN PROVECHO ESPIRITUAL.”Œuvres , edición de Annecy, T. XIX, p. 343.
Esta frase justifica, ella sola, el título anunciado de esta charla : LA AMISTAD ESPIRITUAL de Francisco hacia la señora Acarie. En efecto, tal es la señal con la que Teresa de Avila reconoce la “verdadera” amistad espiritual : el recuerdo de la persona amada hace progresar en el amor de DiosCf. Chemin de perfection, ch. 4 à 7.. Así es, ¡Francisco de Sales escribe : “No hay vez que no piense en vuestra bienaventurada madre sin sentir un provecho espiritual”!

En una carta de abril de 1621 a Miguel de Marillac, Francisco de Sales escribe todavía más :

Me han dicho que habían escrito y hecho imprimir su vida … Oh, qué beneficio dará e incluso a los seculares, si el trozo de su historia, del tiempo en el que ella estuvo en el mundo, ha sido bien representado… Siento un amor tan pleno de reverencia hacia esta santa persona, y una necesidad tan grande de despertar frecuentemente en mi espíritu los piadosos afectos que su vista y su muy santa comunicación han excitado otra vez en mí, durante los seis meses que fui su confesor ordinario…Œuvres , edición de Annecy, T. XX, p. 47.

Y, unos meses más tarde (junio-agosto 1621), a una persona desconocida : “Oh, ¡qué gran falta cometí al no aprovechar más su muy santa conversación! Pues ella me hubiese comunicado de buen grado toda su alma, pero el infinito respeto que yo le tenía me impedía pedírseloŒuvres , edición de Annecy, T. XX, p. 116..”
Es el mismo arrepentimiento que había expresado tres años antes (el 25 de mayo de 1618) el Padre Cotton, entonces célebre por haber confesado a Enrique IV y más tarde a Luís XIII : “Una de las grandes obligaciones que debo a Dios es el haberme permitido conocer un alma como aquella, su frecuentación y una comunicación familiar con ella. Y si hay algo de lo que me siento culpable, es de no haber sacado el provecho que podía y debía haber sacado.Archivos Secretos Vaticanos (ASV), proceso de beatificación, Riti 2233, f° 64v.
Lo que, a través de sus pesares, Francisco de Sales y el Padre Cotton nos dejan presentir del resplandor de la señora Acarie, el Padre Sans, otra celebridad de la época, lo explica bien en septiembre de 1619 :

Ella iluminaba con sus palabras las inteligencias, encendía los corazones, desengañaba las almas y cambiaba los interiores, de tal manera que no había casi nadie que, habiendo ido a verla, no se volviese tocado extraordinariamente por Dios. Puedo decir con toda sinceridad que no había vez que no me acercara a ella sin sentir extraordinariamente un no sé qué de Dios en mi corazón, y sin recibir una nueva luz de graciaASV, PB, Riti 2233-71v..”

En resumen, los que se le acercaban, tenían la experiencia de los discípulos de Emaús : Nuestro corazón ¿no estaba todo en fuego cuando ella nos hablaba?André Duval, La Vie admirable de sœur Marie de l’Incarnation, religieuse converse, París, Lecoffre, 1893, p. 359. Esta edición es fiel a la de 1621.

Algunos aspectos de la fisonomía espiritual de la señora Acarie.

Francisco ha remarcado su extrema discreción respecto a las gracias que ella recibía.
El Padre Juan de San Francisco había querido saber más sobre la señora Acarie de boca de Francisco de Sales. Nos cuenta :

“Algunos meses antes de la muerte de Francisco de Sales, le pregunté si había tenido algún conocimiento más particular de las gracias extraordinarias que Dios comunicaba a esta santa dama y que los que han hablado de ella han dejado por escrito. Me respondió francamente que no. Porque, me dijo él, en primer lugar, cuando se acercaba a esta santa alma ella imprimía en la suya un respeto tan grande a su virtud que no tuvo nunca la osadía de interrogarla sobre lo que se pasaba en ella, y no había querido saber de su interior más de lo que ella le había querido comunicar por su propio pie… – lo que ya sabíamos por una de sus cartas – Ahora bien, decía él, ella prefería hablar de sus faltas que de sus mercedes.”Dom Jean de Saint François, Vie du bienheureux Messire François de Sales, París, Jean de Heuqueville, 1624, p. 163.

Sí, ella prefería hablar de sus faltas que de sus mercedes. Son numerosos los que lo han constatado por ellos mismos, hasta el punto de confesar no saber casi nada de las gracias que ella recibió, sino haberlas simplemente presentido.
ódurante más de 20 años, le dijo : “Respecto a las visiones y revelaciones que le ocurrieron durante sus éxtasis, no hemos podido saber nada, aunque haya tenido muy importantes… que ella llamaba “vistas del espíritu” más que “visiones”, usando palabras simples e inferiores para disminuir y debilitar lo que era muy grande y divino en ella.Duval, op. cit., p. 515.
Así mismo, el Padre Binet, provincial de los jesuitas, otra personalidad destacada de la época, estima que “su profunda y sólida humildad ha sido el velo que ha cubierto el Santo de los Santos de su alma donde Dios tenía un gusto singular… el más sabio no hubiese apenas sabido, a causa del increíble cuidado que ella tenía de cubrir las mercedes eminentes que Dios le hacía sin cesar…Duval, op. cit. p. 555 et PB, Riti 2233-65v.
La madre Inés de Jesús, una de las primeras prioras de Pontoise, que acompañó en calidad de enfermera a la Bienaventurada en su última enfermedad, es de la misma opinión. Ella nos dice : “Su gran y tan rara humildad ha hecho que escondiese todo lo que podía de sus virtudes, y que no mostrara más que lo mínimo que podía, y nada más que la virtud común, teniendo en todas sus acciones mucho cuidado de que no se viera en ella otra cosa.Duval, op. cit., p. 559.
ñor Gauthier, que la frecuentó también durante casi 20 años : “La he visto varias veces yendo en carroza como en éxtasis, que ella cubría bajo el nombre de sueño y adormilamiento, guardando el secreto de su devoción interior lo más escondido que podía…PB, Riti 2233-77r.
Tanto que el señor Brémond, en la “Historia literaria del sentimiento religioso en Francia”, ha podido escribir : “De todas las grandes místicas, no conozco a ninguna más silenciosa que la señora Acarie y esto es, en mi opinión, el rasgo más original de su maravillosa historiaHenri Brémond, Histoire littéraire du sentiment religieux en France, Bloud et Gay, París, 1923, T II, p. 233..”

Francisco de Sales también ha remarcado la confesión espontánea e insistente de sus faltas.
El testimonio del señor Gauthier terminaba así : “guardaba el secreto de su devoción interior lo más escondido que podía, Y HABLABA SÓLO DE SUS IMPERFECCIONES”PB, Riti 2233-77r.. ¡Vamos a poder comprobarlo en la lectura de una carta de la señora Acarie dirigida a un padre espiritual o a un superior!
De las numerosas cartas que ha escrito sólo algunas han llegado hasta nosotros. Una de ellas, conservada en el Carmen de Clamart, interesa a este respecto. Probablemente dirigida al señor de Bérulle, como lo deja suponer el encabezamiento “Mi muy querido primo”, y la mención final “puesto que escribo para obedecer” – era uno de los tres superiores generales del Carmen de Francia -; esta carta debe de datar de los años de su vida religiosa (1614-1618), una lectura atenta lo confirma.
Aquí está en su integridad : (sólo algunos extractos fueron leídos el 14 de abril)

M. T. Ch. C. (lo que puede significar Mi muy querido primo),
¿Qué deciros? Tan a menudo mis innumerables ingratitudes me han alejado de esta presencia divina, que sin darme cuenta muchas veces me dejo llevar por mis sentidos; desprovista de todo sentimiento sublime, no pudiendo ver mis faltas que cuando ya están acabadas, no pudiendo siquiera prevenirlas como debiera, para no dejarme luego caer en ellas. La ligereza, la inconstancia, la inutilidad y la pereza son aún otros excesos que cometo; yendo incluso en contra de la disposición favorable en la que el alma se ha puesto por adelantado, la naturaleza se entretiene en bagatelas, y abandona las causas principales. En su presencia me encuentro tan débil que hasta da lástima darse cuenta de mi miseria, pues a menudo no logro sobrellevar el más mínimo impedimento; debo pues todas mis desgracias, Dios mío, a no saber cómo usar vuestra gracia. Señor mío, las distracciones y los juegos me alejan a menudo de esta vuestra presencia y familiaridad y ello a causa de mis numerosas ingratitudes. Me encuentro además tan torpe y atada a este cuerpo que mi alma se ofusca y puede aún menos elevarse hacia Dios. Lo peor es que cuando veo mi interior, no veo ni acciones ni obras en las que haya participado, aunque sea por obligación, donde no haya pecado y donde no me reconozca, aunque mi intención no fuese aquella.
Oh, ¡Dios mío!, os confieso que cada día descubro en mi ser lazos que no había visto antes. Da lástima ver con qué pereza cumplo con la oración. Mi falta de devoción me ha llevado hasta a retirarme, bajo pretexto de irreverencia o caridad. En otras ocasiones es tan inútil que me parece que pierdo el tiempo, y esto me sucede cuando mi alma no se siente aún vacía. Reconozco pues el poco amor que tengo por Dios. ¡Ejemplo de bondad divina! Si fuese fiel a vuestra persona y os sirviese con más amor no sería así : porque creo, Dios mío, que la razón última de la oración es de conformarse enteramente a vuestra divina voluntad, no tanto para ser consolado, para recibir elogios o sentimientos, ni para satisfacer nuestra alma sino para ofrecer lo que espera de nosotros y para practicar la virtud; como en los tiempos de sequía, soportar la fatiga del cuerpo y del alma, rechazar las distracciones y todo lo que produce la naturaleza de inútil, de pensamientos errados y lejos de la razón; y así poder hacer buen uso de todas las otras buenas disposiciones del alma. Por desgracia, mi Dios, ¿cómo puede ser que crea en estas verdades sin ponerlas en práctica? Dentro de mí siento un reproche, casi continuo, y una fatiga de vivir alejada de esta presencia divina y actual. De ahí nace todo mi dolor. En nombre de Dios, y de su divina misericordia, os suplico obtenga de Dios que no me separe nunca más de su divina presencia y yo rezaré por vuestra merced. Perdóneme, pues escribo para obedecer, y os imploro queméis este borrador.”

Como lo han podido apreciar, no había ninguna exageración en los testimonios que hemos citado anteriormente, y Francisco de Sales tenía mucha razón al decir que ella prefería hablar de sus faltas que de sus gracias.

Francisco de Sales profundamente marcado por las confesiones de la señora Acarie
Lejos de imitar ciertos de nuestros contemporáneos que no ven en esta carta más que la expresión de una culpabilidad enfermiza, el Padre Binet, uno de sus confesores, vio en ella la prueba de un gran amor :

Tenía tanta intimidad con Dios que a la mínima falta que cometía sentía en su corazón reproches tan acuciantes como nada en el mundo.”PB, Riti 2233-67r, n° 16.
“En la confesión, aunque no dijese casi nada, … era con un corazón tan lleno de dolor y con tantas lágrimas que casi no podía ni hablar.”PB, Riti 2233-67r, n° 15.
“Declaraba sus faltas – continúa el Padre Duval – como ella las entendía, sin disfrazarlas o disminuirlas de ninguna manera; y ella era tan exacta que decía hasta las más mínimas imperfecciones que no eran pecados; tanto, que muy a menudo, en sus confesiones, no se encontraba materia de absolución…”Duval, op. cit., p. 479.

Ésta fue una de las experiencias de Francisco de Sales cuando era confesor de la señora Acarie. Y le asombró tanto que, después de la muerte de la señora Acarie, lo comentó en tres ocasiones : en 1618, en la 15° de las verdaderas entrevistas espiritualesŒuvres, edición de Annecy, T. VI, p. 284. ; en junio de 1619, en una carta a Angélica Arnauld, entonces abadesa en Maubuisson Œuvres , edición de Annecy, T. XVII, p. 390. ; y por último el 26 de diciembre de 1622, cuarenta y ocho horas antes de su muerte, en la última conferencia a las hermanas de la Visitación en Lyon Œuvres , edici ón de Annecy, T. VI, pp. 434-435., a la que pertenece el siguiente texto :

“Nos preguntamos si en el examen [de conciencia] no hay que distinguir los pecados veniales de las imperfecciones. No hay duda …queridas hijas, que no es muy bueno hacerlo, para quienes lo saben hacer. Pero de doscientos no hay dos que lo sepan hacer, incluso los más santos son incapaces; lo que es causa de la aportación de muchas penurias y un montón de imperfecciones en la confesión, … y esto dificulta la tarea de los confesores, pues tienen que distinguir para ver si hay pecado, y por consiguiente, materia de absolución. Y os contaré sobre este tema, lo que me sucedió un día confesando a la bienaventurada hermana María de la Encarnación estando ella en este mundo. Después de haberla confesado dos o tres veces, se acusó ante mí de varias imperfecciones; y habiendo dicho todo, yo le dije que no le podía dar la absolución porque no había materia de absolución en lo que ella denunciaba; lo que la extrañó mucho, porque no había hecho nunca esta distinción entre pecado e imperfección. Viendo esto, le hice añadir un pecado que ella había cometido anteriormente, lo que hacen vuestras mercedes. Me agradeció el conocimiento que yo le había dado de lo que hasta entonces ella ignoraba. Ven entonces qué difícil es, pues aunque este alma fuese muy instruida, había permanecido sin embargo mucho tiempo en esta ignorancia.”

Francisco de Sales lo ha dicho : “Este alma era muy instruida…”, y concluyó : “No obstante esta gran sierva no dejaba de ser santa.” Entonces, ¿había verdaderamente “ignorancia” en la señora Acarie? Todo en su comportamiento la mostraba tan madura, tan adulta, ¡tan clarividente! ¿No será más bien que Francisco de Sales es un teólogo, que conoce y debe aplicar la disciplina de los sacramentos? Ahora bien, la señora Acarie es una enamorada de Dios, ¡ella se sitúa en un nivel totalmente distinto!
“Considerando la liberal comunicación del Espíritu Santo hacia ella – escribe el Padre Cotton – y la poca fidelidad, era uno de sus términos, con que ella le correspondía interiormente, se consideraba claramente la más imperfecta de la tierra y me dijo que esto le era tan evidente que todo el mundo junto no hubiese podido persuadirla de lo contrario.”PB, Riti 2233-63r, 22 mai 1618.

El Espíritu Santo en la señora Acarie.

El Padre Cotton lo acaba de evocar; los teólogos también lo dicen, especialmente San Juan de la Cruz : un alma cuanto más investida está de luz divina, más toma posesión de ella el Espíritu Santo y más ve ella hasta la más mínima falta de amor, y lo lamenta… Ahora bien, esta presencia del Espíritu Santo en la señora Acarie era tan evidente para sus contemporáneos como lo era la convicción que ella tenía de ser una gran pecadora.
El Padre Sans habla con mucha frecuencia de este tema, como podemos comprobar en las siguientes citas :

Esta bienaventurada era tan grande en capacidad innata y excelencia de gracia y tenía tan abundantemente el Espíritu de Dios, que la regía y poseía, que el mismo San Jerónimo hubiese hecho un elogio similar al de Santa Paula”PB, Riti 2233-68r, septembre 1619.
“Es verdad que tenía con creces el Espíritu de Dios y que varios santos que nosotros estimamos grandes en la Iglesia triunfante, no tenían [aquí abajo] en la Iglesia militante más, ni puede que tanta, pureza y perfección como ella.”PB, Riti 2233-72r, septembre 1619.
“Estaba tan llena de gracia, ungida del licor del Espíritu Santo, y tan recogida en Dios, que se encontraba en Él y Lo tenía en casi continuo sentimiento o vista…”PB, Riti 2233-72r, septembre 1619
Solamente “los que tienen el Espíritu de Dios, que es el espíritu que ella tenía, y la han frecuentado, pueden estimar en su justo valor su santidad y su virtud.PB, Riti 2233-67v, mai 1618.” (trascripción libre, según el sentido)

No cabe duda de que Francisco de Sales estuvo entre estos últimos. Es él quien cuenta a las carmelitas de Pontoise la siguiente anécdota : participaba con el Padre Beaucousin, prior de los cartujos de París, en las “asambleas que se hacían por el establecimiento de nuestra Orden en Francia. Poniendo su dedo sobre la boca de una persona señalada que quería plantear muchas objeciones, el Padre Beaucousin dijo : Escuchemos lo que nos será dicho por esta persona que habla por el Espíritu de Dios. Él había oído hablar de nuestra bienaventurada hermana, que expuso sus pensamientos, que fueron bien recibidos.2236-160v, déposition en 1632.
Pero fue el mismo Francisco de Sales quien hizo a la señora Acarie el más bello elogio que se pueda hacer aquí en la tierra a un cristiano, cuando todavía ella no había siguiera llegado a su plena madurez humana y espiritual :
“YO NO LA MIRABA COMO A MI PENITENTE SINO COMO A UN CÁLIZ QUE EL ESPÍRITU SANTO HABÍA CONSAGRADO PARA SU PROPIO USO.”Dom Jean de Saint François, op. cit., p. 164.
(La palabra “vaisseau” tenía en aquellos tiempos el sentido corriente de “vaso”. De hecho,Francisco de Sales habla de los “vasos de la viuda de Sarepta” Œuvres , edición de Annecy, T. IV, p. 122. – TAD, Livre II, ch. XI. o de un “vaso de porcelana lleno de licor”Œuvres, edición de Annecy, T. III, p. 84. – IVD, 2ª parte, capítulo. VIII.)
NO LA MIRO COMO A MI PENITENTE, a la que ayudo y aconsejo, a la que yo conduzco por las vías del Señor, SINO COMO A UN CÁLIZ SAGRADO, consagrado PARA EL USO DEL ESPÍRITU SANTO, esto es, al mismo tiempo lleno de Espíritu Santo, morada del Espíritu Santo, – el Espíritu de Dios mora en vosotros, dice San Pablo a los Corintios (1 Co 3,16) – e instrumento elegido al servicio, ¡para el uso del propio Espíritu Santo en su acción en el mundo!
La mirada espiritual tan agudizada de Francisco de Sales ha penetrado en el corazón de la señora Acarie, en la fuente de su ardiente amor hacia Dios y de su dedicación sin límites hacia el prójimo. Todo esta dicho en esta frase : “Cáliz que el Espíritu Santo había consagrado para su propio uso”, y todas las biografías que se escriban intentarán, bajo una u otra forma, hacerlo explícito.
Sobre la acción del Espíritu Santo en el alma de la señora Acarie, el Padre Duval, su primer biógrafo, ya había escrito excelentes capítulos que tratan de los dones de ciencia, de consejo, de piedad etc… ¡Pero no lo pudo decir todo! Detengámonos también en una de las características de la oración de la señora Acarie, muy poco observada pero que debió de encantar a Francisco de Sales. “Alabar y glorificar a Dios por sus misericordias – dice él- … es un acto que todo hombre está obligado a hacer y del que nadie se puede eximir. No podemos negar el deber que cada uno tiene de alabar a Dios por sus favores…”Œuvres, edición de Annecy, T. IX, p. 329., y esto en conformidad con las Santas Escrituras. ¿No escribió San Pablo :
“el Espíritu Santo es la prenda de nuestra herencia, para redención de la posesión adquirida, para loor de la gloria de él mismo”? (Ep 1 14). Así es, ¡la señora Acarie ha sido un alma de alabanzas y de acciones de gracias!

Oración de alabanza y de acción de Gracias.

Solicitada para ayudar a diversas personas a rezar, ha dejado por escrito su propia oración, de la que presentamos algunos extractos lo suficientemente largos para mostrar que, aunque la señora Acarie se veía muy pecadora, cuando se dirigía a Dios le faltaban palabras para bendecirlo y alabarlo.

Ay, ¡Dios mío!, si tan sólo fuese capaz de transformarme en todos los corazones y afectos de los santos para poder así alabaros y agradeceros dignamente como vuestra persona lo merece. Me regocijo y me complazco infinitamente en este ejercicio.
Logro así transformar los actos en infinitas gracias, mi buen Jesús cuya inmensa caridad me mostró cuando descendió del cielo a la tierra y por mi causa fue envuelto en mantillas, descansó en el pesebre, en el asiento de los animales…”Les Vrays Exercices de la bienheureuse sœur Marie de l’Incarnation composéz par elle-même. Très propres à toutes les âmes qui désirent ensuyvre sa bonne vie. (V.E.), Denis Moreau, Paris 1623, folio 13v. (sigue el relato abreviado de la vida de Jesús Cristo)
“Os ofrezco, Señor, quince mil alabanzas, quince mil gracias y quince mil bendiciones, pues por vuestra voluntad me habéis creado a vuestra imagen y semejanza, me habéis embellecido y enriquecido con vuestra semblanza, me habéis dado también la razón y me habéis hecho capaz de creer en la vida eterna.”V.E., op. cit., folios 29v-30r.
“Dadme pues la gracia, Señor bien amado, de poder amaros en nombre de los méritos de vuestra madre, de todos los coros de ángeles, de todos los santos y de los elegidos para poder alabar, bendecir, amar y abrazar con todo mi corazón vuestra merced. Pues es lo que deseo, lo que busco, lo que pido y lo que pretendo obtener cuando os ofrezco mis actos e intenciones.”V.E., op. cit., folio 33v.

En su acción de gracias, ella quería unir toda la humanidad, conforme a la visión de la Iglesia en esos tiempos :
“En nombre de vuestra grandísima misericordia, señor Jesús, convierte a los pecadores, muestra la verdad a los herejes e ilumina a los paganos que ignoran vuestra santa palabra para que al fin estén todos unidos en una misma Iglesia; que os alaben y os rinden glorias.”V.E. op. cit., folio 21v.
Así mismo, quería unirse a la acción de gracias de todos los santos del Cielo :
“A vosotros, todos los santos y santas del Paraíso, me dirijo, y a todos los espíritus angélicos, y os suplico favorecedme, asistidme y ayudadme con vuestras santas oraciones par que gracias a vosotros sirva a mi Bien Amado y sea toda mi persona según su voluntad, alabándolo y glorificándolo aquí en al tierra como vosotros en el cielo.”V.E. op. cit., folio 21r.
En su humildad, la señora Acarie no podía ni imaginarse que algunos, ¡y no se trataba de cualquiera!, la situaban en el rango de los santos cuando todavía ella estaba aquí en la tierra.

La Santidad de la señora Acarie.

Presentamos a continuación lo que Francisco de Sales confía a las carmelitas de Pontoise en una de sus visitas :

“Nos dice – es la Madre priora María de San José quien habla, pero la Madre Juana también lo dijo con otros términos – que habiendo visto un día que ella había sangrado, humedeció un pañuelo en su sangre y lo guardó con reverencia como una reliquia, ¡lo que hace ver la estima que este santo prelado tenía de esta bienaventurada! Pero lo que aún es más notable, es que nunca se había visto que hiciera algún gesto de reconocimiento tal hacia alguien, y eso que conoció a todas las almas que tenían reputación de santidad”PB, Riti 2236-161r, déposition en 1632..

Pues Francisco de Sales ha venido cinco veces – como asegura la Madre Angélica Arnauld- para presentar sus devociones, como se decía entonces, ante el sepulcro de la señora Acarie. Las hermanas han dejado por escrito varias de sus declaraciones en el proceso de beatificación de la futura bienaventurada (1632).
Presentamos a continuación algunas de ellas, todas de boca de la Madre María de San José :

“Aportaré como prueba de la estima que se le tenía a esta bienaventurada lo que oímos de boca del bienaventurado Francisco de Sales, obispo y príncipe de Ginebra. Un día, vino expresamente a esta ciudad y a este monasterio para cumplir con sus deberes religiosos dado el santo depósito que aquí se encuentra, como él mismo nos explicó. Dijo la santa misa, comenzó su predicación explicándonos que había pensado, viniendo a este lugar, ofrecer un pequeño monasterio, del tipo de exvotos que se hacían en Milán, en el sepulcro de San Carlos, donde unos ofrecían cabezas de plata [¿relicarios?], otros castillos y otras cosas; que él había tenido el deseo de ofrecernos un pequeño monasterio en el que San José sería el superior… Continuó sobre este tema excelentemente bien, como se sabe que hacía en sus predicaciones. Después de la predicación, nos habló y dijo varias cosas de las virtudes de nuestra bienaventura”PB, Riti 2236-160r et v..

Por su comportamiento, esto es : la “toma de una reliquia” en vida de la señora Acarie y las numerosas visitas a su sepulcro con el deseo de honrarla tanto como al gran San Carlos Borromeo, Francisco de Sales demuestra suficientemente que ella era, en su opinión, una santa auténtica. Lo afirmará sin rodeos en la conclusión del sermón pronunciado el 3 de marzo de 1622, que trataba el tema de la pobreza espiritual :

“Esta pobreza espiritual ha sido exactamente practicada en esta época por un gran Santo y una gran Santa  : el primero directamente y la segunda en deseo y afecto. Voy a hablar del bienaventurado Francisco Javier, que está en proceso de canonización por su gran santidad en vida [de hecho la canonización tendrá lugar nueve días más tarde], y que en el momento de su muerte no encontró ni casa, ni alimentos apropiados para sustentarse, pues murió cerca de China, en un pobre lugar, abandonado de todo socorro humano; y en tal situación, el corazón de este gran servidor de Dios se fundía de alegría al verse reducido a tal estado. Considerando esto, la bienaventurada hermana María de la Encarnación estimaba que él había vivido un gran momento de felicidad, y decía que ella desearía morir como este Bienaventurado, desprovisto de todo apoyo humano, véase incluso divino, contentándose de la merced ordinaria que Dios concede a todas las criaturas. También esta GRAN SANTA, no pudiendo morir efectivamente en esta pobreza evangélica, murió de la misma manera al menos en deseo y afecto.” Œuvres , edición de Annecy, T. X, p. 297.

Estas confidencias sobre los últimos momentos de la bienaventurada, Francisco de Sales ha debido de escucharlas de las hermanas de Pontoise, durante sus visitas al sepulcro.
érmino anunciado de esta charla : la afirmación clara y simple de la santidad de la señora Acarie por Francisco de Sales. Unas palabras de este último pueden resumir todo lo que acabamos de escuchar :
En resumen, soy CONOCEDOR y ADMIRADOR de esta santa alma.”Œuvres, edición de Annecy, T. XX, p. 48. Carta a M. de Marillac, 24 de abril de 1621.
Este es el retrato que Francisco de Sales nos aporta de su amiga, entre 16 y 20 años después de su único y largo encuentro de varios meses en París. Es la expresión de las verdaderas amistades espirituales que Francisco de Sales describe en una carta a la hija mayor de la señora Acarie : “Es una cualidad de las amistades que el cielo hace en nosotros el no perecer jamás, la ausencia no las consume ni las disminuye, porque su fundamento está en todas partes, ya que el fundamento es DiosŒuvres, edición de Annecy, T. XIX, p. 343. Carta de septiembre 1620..”