El estado religioso de Francia en la época de la señora Acarie

El estado religioso de Francia en la época de la señora Acarie

Después del Concilio de Treinta (1545-1563), la reforma de la Iglesia Católica está bien comprometida en España e Italia.
En Francia en que 30 años de guerra causaron estrágos, hacia 1600 todo queda por hacer o volver a hacer, especialmente la reforma del Clérigo.
En el salón parisino de la Señora de Acarie se encuentran todos cuantos se preocupan por realizar en Francia la reforma católica, la conversión del Clérigo y de los fieles.
En torno a directores espirituales famosos, son personas influyentes en la sociedad y es lo preciso para que las reformas puedan adelantar.
…con la introducción del Carmen reformado en Francia (1604) la reforma del Clérigo va a seguir…y nacer el siglo de los Santos.

“EL ESTADO RELIGIOSO DE FRANCIA EN LA ÉPOCA DE LA SEÑORA ACARIE”

Conferencia del Hermano Philippe BONNICHON, Conferenciante en la Sorbonne.

Madre Reverenda, Padre, Hermanas, Señoras y Señores,
les agradezco el haberme recibido para hablarles del “Estado religioso de Francia en tiempos de la Señora Acarie”, es decir prácticamente durante el reino del Rey Enrique IV.

Situémonos, si les parece, en el año 1600, obligándonos a un “esfuerzo de renunciación”. Efectivamente, tenemos que hacer una especie de “purificación del espíritu” para imaginarnos a personas, que por ser distintas de nosotros, no por eso son diferentes.

Aquella Francia de 1600 es una Francia que, en muchos aspectos, es muy distinta de la nuestra; difiere de ella en primer lugar porque el poder político es una monarquía, que esta monarquía es sagrada y que es en esta sociedad colectiva en la que los franceses, muy divididos por otro lado, pueden reunirse. También es diferente de la nuestra porque la sociedad está jerarquizada (lo que hoy llamaríamos valores democráticos no son de actualidad), y una sociedad jerarquizada donde el valor profesado es un valor cristiano, el del servicio. Las fórmulas de cortesía de esa época consisten en decir “soy, Señor, su más humilde y fiel servidor”.

Claro que, puede uno estar pensando lo contrario a la vez que profesa esta fórmula. Esto no impide que haya aquí, en las relaciones sociales de gente que se sabe desigual en la vida corriente, una voluntad de intercambio que es un intercambio cristiano entre las condiciones y las personas; este ideal del servicio, solamente lo proclama una sociedad cristiana. Aquella Francia es también muy distinta de la nuestra porque el cristianismo es la estructura y el marco tanto para la sociedad como para el panorama. Todavía tenemos hoy en día iglesias, campanas que suenan; pero para el ritmo de la vida diaria de cada uno es, en aquella época, algo que se impone más que en nuestra sociedad actual. La vida religiosa, es decir la manera en que la fe está encarnada, es todavía realmente vivida por la mayoría. Los problemas planteados por esta vida religiosa son de manera extraña comparables, no digo semejantes, a los nuestros. Se puede decir en efecto que en aquella Francia de 1600, lo que hoy en día el Santo Padre llama la “nueva evangelización”, es algo urgente, esencial y sin duda tan difícil como hoy, ya que la ignorancia predomina en la mayor parte de los fieles; ignorancia de la doctrina, de la fe, ignorancia del sentido propio del gesto que, por mimetismo o por costumbre siguen esbozando, ignorancia por parte de los fieles, ignorancia por parte del clero, un clero que fue muy desvalorizado, en su propia razón de ser, por la crítica de los protestantes; un clero en el que lo que uno llama tradicionalmente “abusos”, no existen aún, es más, son erradicados : un clero mal formado, incluso a veces, totalmente no formado, inconsciente de sus deberes y de su estado y a quien por lo tanto le cuesta responder a las esperas de los fieles.

El resultado es que en aquella Francia de 1600 a penas pacificada – recuerdo que el Edicto de Nantes es de 1598 y que el mismo año se firma la paz de Vervins con España – existen violencias, transgresiones cotidianas de la ley y de los diez mandamientos de Dios. Son pan corriente las transgresiones de todo tipo : duelos, asesinatos, raptos. Intentar entender el estado religioso de aquella Francia de 1600 es, por lo tanto, situarse frente a la verdad, verdad de la condición humana en una cierta época y verdad, por supuesto, del Evangelio que sigue valiendo para todos los tiempos, ver la manera en que este Evangelio era recibido en el siglo XVII.

Recordado esto, la constatación inicial está clara : la desarrollaré en un primer momento. Empezamos a partir de ruinas que fueron acumuladas por las guerras de religión durante los 30 años anteriores y cuyo inventario deberá de hecho matizarse.

Son ruinas materiales pero también ruinas en los espíritus y en los corazones, hacia 1590-1600. Muchos obstáculos que parecen infranqueables desde un punto de vista humano, se han elevado entre los hombres, los partidos, las facciones. Este es el punto de inicio. El segundo aspecto de esta constatación inicial es que, partiendo de un estado bastante deteriorado, lleguemos tan claramente a un brillo religioso en la sociedad, pero la que dejó la señora Acarie ya que falleció en 1618. Después de ella, hacia 1630-1650, bajo el reino de Luis XIII y durante la minoría de Luis XIV, nace lo que será considerado en la historia como el siglo de los santos, después de San Francisco de Sales, de San Vicente de Pablo y de Santa Luisa de Marillac, vendrán San Juan de Eudes, Santa Margarita Alacoque, el Padre de la Colombière, y más tarde, a finales de siglo, San Juan Bautista de la Salle o San Luis María Grignon de Montfort. No los nombraremos a todos; esta lista de santos canonizados que nos encontramos en el siglo XVII, después de la señora Acarie justamente, es algo único en la historia de Francia.

Desearía por lo tanto empezar a partir de este campo de ruinas para ver ese resplandor de los años 1650. Lo que significa que predicadores, fundadores o miembros de órdenes religiosas, de congregaciones del Clero secular, sirvientes de los pobres, de los niños o en la enseñanza, tantos y tantos obraron que tiene que haber sin que quepa ninguna duda, razones para ello. La verdadera razón, es la acción del Espíritu Santo; aunque no sea necesario para ello que los hombres se abran a esta acción. Nos llama la atención, en esta transacción, entre 1600 y 1650, si miramos la eflorescencia de los años 1650, ver el papel central que desempeña una mujer, madre de familia, que se hizo religiosa, religiosa conversa – no fue nada más que conversa en la Orden que introdujo en Francia o que fue introducida por su iniciativa y bajo su dirección. Esta mujer es la Señora Acarie. ¿ Por lo tanto es una figura de proa ? No es la única : SanFrancisco de Sales y algunos otros desempeñaron un papel importante; y por supuesto Bérulle, su primo, también. Pero Barbe Avrillot, la Señora Acarie, canalizó tantas iniciativas a su alrededor, reunió a tantos talentos espirituales que fue un poco como un faro y la inspiradora de aquella “escuela francesa de espiritualidad” que va a brillar en Francia durante el siglo XVII, seguramente hasta los tiempos del cura de Ars y quizás hasta nuestra época.

Entonces Francia está ampliamente descristianizada : una religión muy politizada, una sociedad, es necesario decir cerrada, es necesario incluso decir cerrada herméticamente a lo sobrenatural, y finalmente un clero por reformar; y en medio de todo esto, ya que sino, nada hubiera sido posible, algunos islotes de fervor, algunos seres, hombres y mujeres, a partir de los cuales Dios y la Iglesia iban a poder reconstruirse.

En el siglo XVI, el fervor religioso de los que quieren vivir el Evangelio lo más cerca posible, se había encontrado del lado de los reformadores, casi siempre, no siempre, pero casi siempre, protestantes al principio. Esto dividía a los hombres del siglo XVI justamente porque creían en Dios: ¿ Ya que todos creían en él, cuál es el culto que debe, en espíritu y en verdad, ser devuelto a Dios como a un señor todo poderoso, trascendente, mucho más grande que los reyes de la tierra ? Según las relaciones de los hombres con Dios, los hombres también mantienen relaciones diferentes entre ellos: Calvin y San Ignacio de Loyola estaban preocupados, como sus contemporáneos, por la gloria de Dios. “Soli Deo Gloria” – A Dios solo pertenece la gloria, dice Calvin; y bien conocen el lema de los jesuitas, muy anticalvinistas “Ad Majorem dei gloriam”- Para que crezca la gloria de Dios-. Son dos maneras de considerar la gloria de Dios.

“SOLI DEO GLORIA”, primer caso : el hombre no tiene nada que hacer, la gloria de Dios es perfecta, el hombre debe inclinarse y reverenciarse, en el temor y el tiemble, guardándose de llevar por sus manos más o menos impías algo que podría empañar el brillo de la grandeza de Dios.

“AD MAJOREM DEI GLORIAM”: es perfecta en si, pero no es obligatoriamente tan perfecta ni evidente para los hombres ; por tanto, todo un lugar queda para el apostolado: “que su luz brille para los hombres para que, viendo sus buenas obras, den gracias a su Padre que está en el Cielo.”. Todo el mundo habla de la “gloria”, pero no todo el mundo concibe “la gloria” de la misma manera ni el “todo-poder” divino, ni tampoco las relaciones de Dios con el hombre. Es probablemente el punto nodal que produce todas esas pruebas de cristiandad : “Tú, ¿Cuál es tu creencia? Enséñame cuál es tu fe y me lo demostrarás por tus gestos y palabras.” Si los reformadores protestantes privilegian la palabra divina, es precisamente porque Dios se revela para ellos en la Escritura y se reveló en la Historia pero sigue encarnándose por señales sensibles que son cada uno de los sacramentos de la Iglesia Católica, señales que, precisamente los protestantes, en el nombre de la pureza de la fe, rechazan y recusan.
¿ Y cuáles son esas iglesias en las que hay imágenes y estatuas? Culto idolátrico, decían los protestantes y por ello, necesidad de suprimir las imágenes – un movimiento iconoclasta. La reforma protestante había sido particularmente vigilante, en el caso del calvinismo en Francia, para eliminar a todos estos supuestos intermediarios entre Dios y el hombre que no hacen más que convertir al hombre en idolatro y ocultarle el verdadero rostro de Dios que solamente se revela a quien bien lo desea.

Al contrario, los católicos dirán : Dios se encarna, Dios habla en el tiempo, está presente aquí: Hay una mediación del semejante que pasa a través del cuerpo porque el cuerpo y el alma son creados por Dios. Es un acto de fe y de confianza practicado por el cristiano.

Son dos pedagogías fundamentalmente diferentes las que habían acarreado actos brutales, bien hay que decirlo. Porque todo el problema de las guerras de religión fue el de la Verdad, por supuesto, pero si se extrae la Verdad a la Caridad, bien saben ustedes lo que ocurre : el que está en el error no tiene derecho a profesar ni tampoco, en algunos casos, a seguir viviendo. Por lo tanto estas guerras de religión destruyeron mucho.

Por otra parte, el poder real que la mayoría de los franceses consideraba como sagrado, fue muy desacralizado bajo el reino de Enrique III.

Y entonces, ¿ Qué puede decirse si el rey, que debería ser legítimo por el derecho de nacimiento, es protestante como Enrique IV en el momento en que fue asesinado Enrique III ?…Esto perturbó a mucha mente y yo diría que la gente religiosa destruyó, o al menos perturbó, un cierto sentimiento de legitimidad. ¿ En el fondo, dónde está la verdad en lo político ? ¿ Dónde está el bien ? ¿ A quién puede uno unirse ? Son estas preguntas las que no son nada fáciles de zanjar en el secreto de cada conciencia. Por ello, miramos al extranjero : los protestantes hacia los príncipes alemanes en particular o hacia otros países como las Provincias Unidas, y los católicos hacia el Rey de España; hacia España cometiendo a veces una cierta confusión entre lo político y lo religioso, confusión que mantiene naturalmente por su parte, el Rey de España. Frente a un reino como el de Francia, donde la herejía es susceptible de vencer – si digo la verdad, nunca pudiera haber vencido cuantitativamente – el Rey de España se presenta como el defensor de la religión auténtica y de la catolicidad. Detrás de él, los “buenos católicos” se habían agrupado en el partido de la Liga, organizada por su parte, de forma casi revolucionaria. París era entonces, hacia 1590, una ciudad revolucionaria con burgueses armados, barrios divididos, y bajo la autoridad de un cierto número de jefes, como el Señor Acarie, que obedecían en principio a los Guise hasta su asesinato, y que finalmente, deseaban en cierto modo la victoria de España. Lo que rechazaban evidentemente muchos franceses, los que uno llamaba “buenos franceses”, tanto entre los católicos como entre los protestantes. Son a estos “buenos franceses” a los que Enrique IV reunió tras él abjurando de hecho por tercera vez en su vida. Esta vez abjura definitivamente para darle a todo su reino una señal : es sagrado, no en Reims sino en Chartres (porque Reims, justamente, está bajo el poder de los miembros de la Liga). Es por lo tanto Rey de Francia.

A partir de este momento, la resistencia parisina no tiene más razón de ser y el reino se une progresivamente a Enrique IV. Está claro que los que habían estado en primera línea, especialmente en la resistencia política y armada, en el nombre de un catolicismo intransigente, personas muy sinceras como el Señor Acarie, van a caer en desgracia, y serán en todo caso metidos en la cárcel y exiliados durante varios años.

Entonces, estas guerras civiles sólo pararon después de más de 30 años, porque los dos partidos entendieron, el uno, el partido mayoritario, que de todos modos no se podía eliminar a la minoría, que esto fuere deseable o pensable, y el otro, el partido minoritario, el de los protestantes, porque no se podía hacer que Francia cayera en el ámbito de la reforma protestante. Lo que, obviamente, hubiera arrastrado a Europa debido al peso territorial, demográfico y político del reino.

Por tanto, es a partir de esta constatación que se pone en pie un “modus vivendi”. El Edicto de Nantes establece una paz de religión para casi todo el siglo XVII hasta su abolición en 1685.
Es algo totalmente sorprendente en la Europa de aquellos tiempos : Francia es prácticamente el único país de Europa, de cristiandad del mundo en el que los sujetos, algunos sujetos, no pueden profesar la religión del soberano…Por lo tanto el “modus vivendi” como cada uno sabe es temporáneo, de hecho el Edicto de Nantes bien lo dice : “Todos nuestros sujetos adoran a Dios pero todos no pueden aún hacerlo de la misma forma y de una sola vez” : entonces lo que se da es tiempo para una conversión.
Quizás la conversión de los católicos al catolicismo real y la conversión de los protestantes al catolicismo también. Es en este momento cuando interviene la Señora Acarie y los que siguen ; si las altas aguas religiosas, si el fervor religioso se encontraban quizás del lado de la Reforma al principio del siglo XVI, en Francia, en el siglo XVII, el fervor religioso va a pasar del lado católico ; y si bien muchos católicos se habían vuelto protestantes en el siglo anterior, las conversiones del protestantismo al catolicismo fueron numerosas, reales y sinceras a pesar del episodio forzado del fin del período, bajo Luis XI, de política de coerción que precede a la revocación del Edicto de Nantes.

Habrá gracias a una cierta élite, un brillo de la religión católica en aquella sociedad, a partir de una conmoción inicial. Pero aún no estamos en esta época, en 1600…

En 1600, en aquella Francia devastada, hay al mismo tiempo ruinas que elevar, una enseñanza que transmitir ya que el pueblo es ignorante y que el Clero lo es casi tanto como él, sobre todo el bajo-clero.
En aquella época, el Clero está sumergido en el sistema beneficial. El beneficio eclesiástico es un importe de tierra o de dinero del que uno goza, en principio, para ocupar un oficio, es decir un ministerio. Pero si lo esencial es que el oficio esté ocupado para la mentalidad de aquellos tiempos, el beneficio tiene prelación sobre el oficio. Si por lo tanto, el titular del beneficio no quiere o no puede ocupar el oficio, lo delega a otra persona mediante financiación, un sueldo, un pequeño sueldo, lo que uno llama “la porción congrua”, para muchos sacerdotes y muchas parroquias. El resultado es que muchos beneficiarios no son los que ocupan el oficio y los que lo ocupan no son competentes, muchas veces están mal pagados y mal formados. De todos modos hay una carrera de beneficios. ¿ A quién pertenece el dinero de la Iglesia ? ¿ A los beneficiarios ? Normalmente no. Pertenece a los pobres y a Dios. A Dios para devolverle su culto y a los pobres porque son la viva señal de Dios aquí abajo. Entonces la Iglesia en aquellos tiempos cumple con deberes : la enseñanza, la caridad, la ayuda mutua y también se encarga de todos los presupuestos de nuestros ministerios además del culto. Miren la labor que hicieron San Vicente de Pablo y otros…Ahí es donde debe ser orientado el dinero de la Iglesia. Lo que es escandaloso, no es que la Iglesia tenga dinero, beneficios o rentas, lo que es escandaloso, no es que un obispo tenga cien mil libras de renta, la cuestión es saber lo que hace con esas dos mil libras de renta…El siglo XVII no va a cambiar las estructuras-el sistema beneficial permanecerá hasta la revolución-pero sí va a cambiar el espíritu que las anima.
De este modo, cuando un beneficiario, cuando un canónigo vaya a convertirse, este canónigo va a tomar en serio los deberes a su cargo. No tiene más que dar el oficio en la iglesia-catedral, no es mucho ; va a hacer suplemento si se convierte. Va a apoderarse de un ministerio; va a hacer como Juan Bautista de la Salle, va a hacer otra cosa, ir más lejos. Un cura que se convierte es San Vicente de Pablo que hacía la caza a los beneficios y que va a volverse misionario y poner su talento al servicio de una caridad activa y brillante. Las estructuras permanecen las mismas, pero lo que va a cambiar es el espíritu.

Abro ya las perspectivas sobre 1650, pero es para hacerles comprender de dónde venimos y a dónde vamos. En todo caso, en 1600 está claro que el clero en Francia no está formado. No obstante, el Concilio de Trento pasó por ahí, y, en principio y de hecho, en Italia por ejemplo, cambió sus prácticas y sus abusos. El Concilio acabó treinta años antes; dio lugar a ejemplos episcopales: Como San Carlos Borrome en Milán. Pero en Francia, en 1600, todavía no porque las guerras de religión hicieron que se retrasara, ya que para los católicos franceses, la reforma tridentina no tuvo lugar y esto supondría que se aplicara. De hecho, los decretos del Concilio de Trento todavía no se perciben como leyes en el reino de Francia…Por tanto la reforma va a hacerse gracias a la Señora Acarie y a los que están a su alrededor, toda esta reforma va a hacerse porque el Clero así lo decide, aunque la ley no le obligue a ello, a aplicar los decretos del Concilio de Trento. Es entonces en cierto modo una ley interiorizada, una ley que formalmente no obliga a los franceses, por varias razones de todo tipo (el galicanismo correspondiente). Ya que la reforma de la Iglesia todavía no se ha producido en Francia, y para que lo haga, esto supone fervor y este fervor supone -en todo caso, el historiador lo nota en aquella época- una élite social, quizás no siempre social, una élite espiritual, seguramente alrededor de las figuras de proa que tienen un brillo extraordinario en su tiempo. Nombraré de nuevo a San Francisco de Sales y a la Señora Acarie muy precisamente; a la reforma de Port Royal también que, antes de ser “jansenista”, es una conversión al distintivo de la vida religiosa ; de hecho, Madre Angélica Arnauld reconoció a San Francisco de Sales quien la animó a hacer esta reforma. ¡San Francisco de Sales no es en nada “jansenista”!

Hablé de una sociedad bastante cerrada a lo sobrenatural, por ello mucho más atenta y preocupada de hecho, ante las manifestaciones de lo extraordinario: por ejemplo, las brujas o ciertas predicaciones…La Señora Acarie desalojará a una falsa profetisa que iniciaba a la “reforma” y que quizás no estaba inspirada por el Espíritu de Dios. Existe entonces una cierta avidez afectiva por las cosas extraordinarias y por otra parte, existe un humanismo práctico, una sabiduría muy prosaica, una religión “mundana” como la que criticará más tarde Pascal: Una moral del “doy para que me devuelvas”, relaciones de “comercial a comercial” (el Padre Garasse utiliza esta figura de estilo), lo que es indecente evidentemente entre el hombre y Dios.

Finalmente, dije un Clero que reformar, y llego a ello con respecto a su instrucción (no hay seminarios o muy pocos), a la vocación de la soltería, a la carrera de beneficios.
El alto clero es todavía, en aquellos tiempos necesario al gobierno; quizás no haya aún suficientes personas de hábito todavía, de oficiales del rey para que la política y la administración sean llevadas por laicos. Son los obispos los que están instruidos, la costumbre del mundo, la costumbre del mandamiento, y es natural que en aquellos tiempos se les utilice para un ámbito que no es el suyo. El resultado es que no residen en sus diócesis y que usualmente, de hecho a su pesar, no ejercen su ministerio de obispo.

El bajo clero es ignorante, se encuentran curas presumidos como el desafortunado Grandier que será quemado en la época de Richelieu, o a gente de Iglesia mosqueteros, como más tarde los Sardis que llevarán ejércitos navales para el mismo Richelieu. Por ello la Reforma debe realizarse, la reforma católica se entiende. ¿ Qué reforma ? La reforma pasa por el hábito. El hábito es lo que nos pone a parte, lo que nos caracteriza : el hábito permite saber con quién tratamos. Pasará mucho tiempo antes de que los eclesiásticos lleven un hábito particular. Reforma del hábito; reforma del domicilio, reforma de la formación de los sacerdotes en seminarios, reformas de la disciplina, de la obediencia a los obispos.

Entonces, hacia 1600, el Clero está tan confundido con “el siglo” que la imagen y lo ideal del sacerdote parecen, en la práctica, ausentes. El obispo- como lo recordó el Concilio de Trento- conformado en su propia persona, por el sacramento de la Orden a la persona de Cristo-es el que puede y el único que puede hacer que Dios, Jesucristo, esté realmente presente ante los hombres. Es el mediador, de alguna forma, por los sacramentos, para los hombres. Por eso es importante este sacramento de la Orden, para la encarnación en el ministerio eucarístico, sobre el cual insistirá tanto María de la Encarnación, la Señora Acarie. No obstante, hemos dicho que los decretos del Concilio no son todavía recibidos en Francia en 1600.

Es cierto que existen unos puntos de anclaje : algunas órdenes religiosas, los Capuchinos para el pueblo, los Jesuitas para las personas un poco más cultas (a pesar de su momentánea exclusión). Entonces existen unos puntos a los cuales podría aferrarse la reforma. Y también hay unos islotes de fervor. Ya que, finalmente, si el marco fuera uniformemente trágico, no se entendería muy bien por qué milagro se hubieran salido de ésta. El fervor se basa en una espiritualidad que se llama la “devotio moderna” que quiere imitar a Jesús ; “La imitación de Jesucristo” es un libro que desde el siglo XVI sobre todo es muy leído y lo será todavía mucho. Es una espiritualidad de encuentro personal con la persona de Cristo ; esto para todo cristiano que bien lo desee y no simplemente para ese “especialista” de la vida cristiana que es el monje o la monja que viven detrás de una valla ; esta espiritualidad se desarrolla en unos grupos que, desde un punto de vista socio-cultural, tienen una importancia real en la época que nos interesa, frecuentemente en las personas de hábito. Son personas que dominan la cultura, que tienen el poder, que están acostumbradas, en el caso del parlamento de París, a la lucha contra los protestantes. Muchos fueron miembros de ligas y esto en el nombre de la integridad del poder real. Es sorprendente ver cuántas de esas personas se conocen entre ellas, son familiares ; es de hecho así como brillan en la sociedad. La Señora Acarie, tuvo como madre a una Seguiré ; un Pedro Séguier será canciller de Francia, es decir la segunda personalidad del Estado, y las mujeres de la familia Séguier son numerosas en el Carmelo. Familia Séguier, familia Bérulle, familia Marillac, familia Avrillot: Barbe Avrillot, la Señora Acarie, pertenece a este círculo, círculo que es un poco el mismo que al que pertenecen la familia Arnaud y de Marion: reformadores de Port-Royal. Otras familias que pertenecen a este círculo : la de la Señora de Chantal, nacida Frémiot, la penitente de San Francisco de Sales, familia de la Presidenta Brûlard ; es también una gran familia de hábito y la Señora Brûlard fue también una penitente de San Francisco de Sales.

Bajo el reino de Enrique IV por tanto, había todo un círculo apto a brillar en la sociedad, más aún cuando tenía el apoyo de la Corte, con sus grandes damas o algunos obispos reformadores-pienso en el que ya fue nombrado cuando era coadjutor de Ginebra, es decir San Francisco de Sales. Dicho de otra forma, existía una élite receptiva y la experiencia de la Señora Acarie, en el París post Liga va a causar un choque.

Mi tema, hoy, no es hablarles de la Señora Acarie. Solamente recuerdo que pertenece a ese círculo de hábito, que en su juventud le hubiese gustado ser religiosa, lo que podrá realizar sólo después de quedarse viuda y en una Orden que, por supuesto, aún no conocía. Estuvo casada (ella misma era también una muy rica heredera) a un joven de fortuna importante y tuvo experiencias muy contrastadas en su vida. A partir de un ambiente de gran fortuna, fortuna que reconstituirá a partir de 1600 gracias a sus talentos ; sin haberlo buscado experimentó la pobreza, la humillación durante la desgracia de su marido que, ya lo hemos dicho, desempeñó un papel importante en la Liga parisina. Sufrió dolencias muy dolorosas, especialmente tras una caída de caballo. Se dedicó a los pobres, al hospital, durante la guerra civil a su propia casa también. Practicó durante toda su vida de matrimonio la obediencia a su esposo, viendo en sus deseos, a veces contradictorios, la voluntad de Cristo.

Es muy realista; sabrá restablecer los asuntos de su familia y es, por su brillo personal, apreciada por el Rey Enrique IV y por la Reina. Su casa va a ser frecuentada por mucha gente que se preocupa por la reforma religiosa y espiritual de Francia durante los años 1600 : Dom Beaucousin, Cartujo, MM Gallement y Duval quienes, junto con Pedro de Bérulle, joven sacerdote en aquella época, serán los superiores del Carmelo de Francia. Conoce el Carmelo por las lecturas, quizás gracias al Señor Bretigny que es de una familia franco-española y que sueña desde más de diez años con introducir el Carmelo reformado en Francia. San Francisco de Sales vendrá a la casa Acarie que es frecuentada por damas como la Señora de Maignelay, la Señora de Breauté, la Señora Longueville, la Señora la Joyeuse, todas mujeres de la Corte, que tienen sus entradas en ella e influencia. Por lo tanto, la influencia de este mundo va ser puesta a disposición del brillo espiritual, porque al fin, se habla de la Señora Acarie. No son solamente su virtud o su caridad sino los estados místicos que bien se abstiene de exponer, pero que terminan apareciendo y atrayendo la curiosidad del mundo. Una mujer, que todo el mundo se da cuenta, vive en oración permanente, lo que no la distrae de hacer lo que debe hacer en su obligación de estado. Consideremos las partes “del alma” como dice San Francisco de Sales, “la sensible y la superior”: ¡Pues! La sensible en su caso está totalmente sometida a la superior, en la que justamente, en la voluntad y en el fondo del corazón, Dios puede encontrar al hombre, y el hombre dejarse encontrar por Dios. Oración permanente, pero gran desconfianza de lo que llama “imaginación”. No hay piedad. Eso debe traducirse por una caridad brillante. Estas son las mayores características de su espiritualidad que se conoce y se hace sentir sensiblemente en el París de aquellos tiempos; son muchos los que vienen a pedirle consejo.

He hablado de la obligación de estado. San Francisco de Sales la había magnificado en “Introducción a la vida devota”. En este libro que tuvo durante mucho tiempo una de las mayores emisiones de Francia, afirmaba que la perfección cristiana, la búsqueda de la perfección del Evangelio puede vivirse en toda condición y no es una especialidad, justamente de los que se consagran a ella durante toda su vida en un claustro. Este es uno de los aspectos de la “devoción moderna”. Podemos decir que, la Señora Acarie fue el ejemplo viviente de esta devoción, en su casa parisina antes de convertirse en Carmelita en Amiens y aquí en Pontoise. He aquí la obligación de estado.

La oración permanente, otra característica mayor de su espiritualidad, es la imitación de Cristo, con una ciencia que, después de la Señora Acarie, será observada durante todo el siglo XVII y a la cual prestará una atención considerable : DESCONCENTRARSE del amor-propio, del amor de sí mismo; se le tiene un real terror al amor-propio, es decir que la persona se pone en cierto modo en el lugar de Dios. El amor-propio se opone al amor de Dios y de la mejor piedra de toque es el abandono del amor-propio en la obediencia : es ahí donde se puede encontrar la espiritualidad de Santa Teresa y también de San Ignacio de Loyola (para la Señora Acarie es Teresa de Ávila).

En esta sociedad que tiene el sentido del servicio del rey y, si acaso, entiende el servicio del rey del cielo, la gloria del hombre va a coincidir con su aniquilamiento ; porque el aniquilamiento del hombre (la Cruz) es la gloria de Dios, y de este modo, es la glorificación del hombre. Ésta es la paradoja del aniquilamiento para la resurrección : es, parece ser un punto clave. De este modo, uno bien entiende que el camino natural es el de la humildad, que es el camino de la bajeza de la infancia espiritual y al mismo tiempo de la caridad activa ; porque, en la Señora Acarie, la contemplación y la acción, por supuesto, están unidas y deben estarlo ya que de otro modo la contemplación sería falsa. En este punto también, San Francisco de Sales nos lo había explicado en su “Tratado del amor de Dios”. Dios aquí bajo es el Dios oculto. El Dios oculto bajo las formas eucarísticas; está realmente presente pero es el Dios oculto el que va a informar (en el sentido de dar forma) a una gran espiritualidad de aquel siglo XVII. Así, la acción de la señora Acarie en la Iglesia de Francia de aquella época es triple:

  • Primero se trata en aquella Francia de 1600 de introducir el Carmelo; es la fuente de conversión para todo un siglo. El Carmelo reformado de Santa Teresa es español ; lo que viene de España, los franceses no lo quieren, el asunto parece imposible. La Señora Acarie envía a su primo Pedro de Bérulle a negociar en España en el momento en que, justamente, todo parecía que iba a fallar. Finalmente, lo consiguió, cuando todo medio humano era, como dice Bérulle, “fallante” es decir que realmente el hombre ya no podía hacer nada; fue Dios quien lo hizo todo. Durante todo este tiempo, la Señora Acarie hacía establecer planos y construir un monasterio en París para acoger a las religiosas españolas, sin tener dinero para hacerlo; pero encontró finalmente el dinero y preparó a futuras monjas francesas a la llegada de las compañeras de Santa Teresa.
  • Después, introducción de las Ursulinas ; esto, es el brillo; después de la contemplación, la acción por la enseñanza en una sociedad por re-cristianizar. La influencia de las Ursulinas, para la enseñanza de las mujeres en Francia, merecería toda una conferencia.
  • Finalmente en 1611, la creación del Oratorio por Bérulle. Bérulle provee a los obispos, lo dice él mismo, con lo que el papa puede disponer gracias a los Jesuitas : de personas que estén totalmente entre sus manos para hacer el apostolado al que se destinan. El Oratorio, fuera del sistema beneficial, va a permitir la reforma del clero en Francia. Cronológicamente, es después de ese giro de 1604 a 1611, que va de la introducción al Carmelo en Francia a la creación del Oratorio, cuando se extiende toda la reforma católica hasta la eflorescencia que evoqué al empezar.

Desde el origen de esta reforma del clero francés, está claro que hay una relación entre el Carmelo y el clero ; entre una orden de monjas contemplativas y la reforma de los sacerdotes seculares. Es de hecho explícitamente lo que quiso hacer Santa Teresa de Ávila y a lo que se referirá la “pequeña” Santa Teresa de Lisieux. Una unión de Marta y María que arraiga al apostolado, tan fecundo en aquella Francia del siglo XVII, sobre la contemplación; y la contemplación de Cristo y del misterio de Cristo : es una espiritualidad cristo centrada. Se explicará teológicamente : Pedro de Bérulle insiste en la hipóstasis, en la unión, en la única persona de Cristo, de sus dos índoles. El sentido del hombre no se encuentra en la obediencia a lo divino. De ahí, lo que uno puede llamar una revolución copernicana : el hombre debe descentrarse de él mismo como la tierra gira alrededor del sol. El sol es Dios, es Jesucristo. “Ya no soy yo quien vive, sino Jesucristo quien vive en mí”. El Padre Bourgoing, el sucesor de Bérulle, bien lo explica. El hombre no puede conocerse a sí mismo, ni tampoco existir sin descentrarse de él mismo hacia Jesucristo; pero Jesucristo se encarnó, un hecho visible. Dios pasa por el cuerpo y los sentidos ; es la piedad barroca, como se dice, el sentimiento, la meditación de la imagen, lo que distingue a los católicos de los protestantes. ¿ No obstante, debemos pararnos ante los consuelos sensibles o incluso ante lo extraordinario ? No, en absoluto; sólo son una señal. Tiene que haber, como dicen los espirituales del tiempo, “éxtasis en la vida” y no simplemente en la imaginación o el pensamiento. Éxtasis en la vida, solamente es posible por la presencia real de Dios entre los hombres. Pero esta presencia, es la Eucaristía, en la que Dios está oculto; de ahí el papel dado a la adoración de Jesús en la Eucaristía, a su recepción, a las procesiones, a las fiestas-Dios en las que manifiesta, para la sociedad jerarquizada de aquellos tiempos : toma posesión de los cuerpos sociales, de los lugares, de los corazones.

Importancia pues del sacerdote que constata esta presencia de Dios entre los hombres ; de ahí estas nuevas congregaciones ; el Oratorio, San Sulpice, los Eudistas, los Lazaristas, todas estas creaciones del siglo XVII, estas numerosas órdenes misionarias.

En resumen, todo reside en la reforma católica, que queda por hacer al principio de aquel siglo XVII, pero que gracias a lo que, justamente, hacen en 1604 la Señora Acarie y Bérulle en 1611, va a ser posible. Brillar a partir de medios influyentes en una sociedad jerarquizada donde la impulsión dada desde arriba puede después ser trasmitida.

Este es, en gran parte, el éxito de la Señora Acarie ; ella mismo solamente pudo hacerlo por obediencia, fe perseverante, humildad; con falta de todo medio humano; en su propio caso, la beata María de la Encarnación, la devoción marital va con el culto de la Presencia Real, como de hecho el propio Bérulle lo preconizará. Porque en la Encarnación como en la Eucaristía, la perfecta obediencia, el verdadero despojo se encuentra en el FIAT, es decir, la oblación de uno mismo.

He querido observar, como historiador, las condiciones de la fuerza de conversión para toda una sociedad. De este modo, lo que valió para la gente del siglo XVII podría bien ser una rica enseñanza para nosotros también, en estos primeros años de un nuevo milenio.

Les agradezco su atención.

Pontoise en la capilla del Carmelo, 25 de marzo de 2000