La Señora de Acarie o un abismo de humildad

La Señora de Acarie o un abismo de humildad

Interrogada sobre lo que la inspira en la instauración del Carmelo en París, le contesta a la Madre Ana de Jesús, compañera de Teresa de Ávila: " mi Madre no tengo ninguna parte en esta obra, sino las culpas que hice en ella".
Hermana lega, ella se considera " la más imperfecta, no sólo de la casa, sino de toda la Orden”.
Hay muy pocos escritos de su parte que pueden valorarla; los destruía. La humildad: " he aquí la vía más corta y más asegurada para ir hasta Dios " decía.

LA SEÑORA ACARIE : UN ABISMO DE HUMILDAD

Por Fr. Jean-Philippe Houdret, o.c.d.

Si tuviera que precisar el contenido de la presente conferencia diría : la humildad de la Señora Acarie según las declaraciones de algunos testigos interrogados durante el proceso apostólico (entre 1630 y 1633) para su beatificaciónDe nombreux témoignages cités ici recoupent ceux reproduits par monsieur André Duval dans sa célèbre « Vie admirable de sœur Marie de l’Incarnation appelée dans le monde mademoiselle Acarie » publiée à Paris en 1621 et rééditée en 1893. Voir en particulier  : livre I, ch. XV et suivants, et livre II, ch. V : De son humilité..
Es a partir de estos testimonios, seleccionados y comunicados con mucha amabilidad por Sor Anne-Therèse, archivista en el Carmelo de Pontoise como preparé mi informe ya que por mi parte no soy especialista de la Beata ni de la humildad.
Este es el orden que seguiré :
Después de la introducción, una primera parte presentará la humildad de la Señora Acarie « en el mundo », y una segunda parte, demostrará la humildad de Sor María de la Encarnación en el Carmelo. Finalmente, en una tercera parte reuniré las enseñanzas de la Beata sobre la humildad. A modo de conclusión, plantearé la cuestión de la imitación de esta humildad.

Introduccion

Es Madre Jeanne de Jesús, hermana del Canciller Séguier del Carmelo de Pontoise la que exclama en su declaración : «Harían falta libros enteros para describir todas las palabras y acciones de esta Beata con respecto a su humildad»Les références renvoient aux dépositions des témoins.
A noter que nous avons parfois très légèrement modernisé le français des citations, afin de les rendre plus compréhensibles. Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235- 857v.
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De hecho, la humildad aparece como un rasgo característico y permanente de la fisionomía espiritual de la Señora Acarie. Lo había probado ya muchas veces antes de entrar en el Carmelo y aún más durante sus numerosos años en éste. ¡ Los testimonios sobre este punto son innumerables y coinciden de manera impresionante !
Podemos incluso percibir que la humildad no es únicamente una característica m á s en la fisionomía espiritual de la Beata sino que constituye la disposición profunda de su ser espiritual, disposición que demostraba la profundidad de su unión con Dios.
El Padre jesuita Etienne Binet, dice bien que « su profunda y auténtica humildad fue el velo que cubrió al « Sancta-sanctórum » con su bella alma »2233-65v..
Algunos testigos van hasta notar una profundidad insondable en la humildad de la Beata. Un término que me llamó la atención y que encontramos en los dos testimonios que voy a citarles, es : abismo.
N.B. : Para las notas y las referencias, remitirse al final del texto de la conferencia.
Primero el testimonio de Sor Anne de Saint-Laurent : « Su humildad era superior a todo lo que uno puede imaginarse. Era un verdadero abismo, pero tan profundo que el solo recuerdo hace que el espíritu se quede cautivado »(de Saint Lieu), 2236-67v..
Este es el testimonio de Don André Duval, uno de los Superiores de los Carmelitas, producido por Madre Marie de Saint-Joseph : « Nos dice entre otras cosas < después de la muerte de la Beata > que la considerábamos por su humildad ; que él, veía una humildad de abismo y que si hubiera podido existir un Infinito en la Creatura hubiera existido en este punto.(Fournier), 2236-128v. »
Estas declaraciones convergentes sobre el abismo de humildad de la Beata son bastante elocuentes y no me es necesario citarles otros testimonios interesantes : el del Ministro de Justicia Michel de Marillac, o los de dos religiosos fuldensesFeuillants  : religieux de l’ordre cistercien réformé par Dom Jean de la Barrière. : Dom Eustache de Saint-Paul y Dom Sans de Sainte-Catherine (éste escribió un libro de ejercicios en el que toda su enseñanza sobre la humildad resultaba de lo que había aprendido de Sor Marie de la Encarnación).
Después de estas alabanzas introductivas, entremos en el tema proprio de la conferencia y consideremos los ejemplos de humildad dados por la Beata durante su vida.

1- La humildad de la señora Acarie « en el mundo ».

Consideremos primero a la Señora Acarie « en el mundo » antes de entrar en el Carmelo, lo que representa de lejos la mayor parte de su existencia ! Porque, no hay que olvidar – sol ó quiero recordárselo – que nació el primero de febrero de 1566 y que murió el 18 de abril de 1618 cuando tenía cincuenta y dos años. El tiempo pasado en el Carmelo representa sólo cuatro años de su vida (de 1614 a 1618) aunque sean los más importantes !
Los acontecimientos importantes que marcaron el largo período de los cuarenta y ocho años de 1566 hasta 1614 les han sido presentados en una previa conferencia sobre la vida de la Señora Acarie. Por lo tanto, sólo hablaré de ello cuando cite los testimonios. Por otra parte, no indicaré de nuevo (salvo excepción) el nombre de las personas que citaré o de quienes resumiré las palabras.

Empiezo pues por un testimonio que evoca la infancia de la Beata. Entre los once y los catorce años, su educación fue confiada a las Clarisas del Monasterio de Longchamps, Monasterio de La Humildad de Notre-Dame. Nos enteramos de hasta qué punto la joven Barbe Avrillot ya era admirada por la Abadesa y por su maestra (Sor Jeanne de Mailly) por su obediencia, su devoción (su piedad) y su humildad « que es particularmente la virtud que parece haber nacido con ella y que la acompañó en todas las pequeñas y grandes acciones de su vida »Mère Jeanne de Jésus (Séguier) 2235-809v.. Retengamos esta información aunque el tono nos parezca un poco hagiográfico !

La adolescente piensa en la vida religiosa pero sus padres tienen otros proyectos para ella. Después de su boda con Pierre Acarie en agosto de 1582 (Barbe tiene entonces dieciséis años y medio) empieza para ella un período « mundano » antes de vivir una conversión a partir de 1587 (tiene veintiún años) – conversión que va acarrear en ella una profunda transformación interna entre 1587 y 1593. Integra cada vez más el pensamiento que le ha marcado : « Trop est avare à qui Dieu ne suffit » (Demasiado ávaro quien al cual Dios no basta). Pensamos aquí en « Nada te turbe » de Santa Teresa de Jésus con su afirmación :  « Sólo Dios basta ». Desapego de lo creado, apego únicamente a Dios. Es esa primac í a de Dios, relativizando todo lo demás, lo que marca entonces la vida de Barbe Acarie y que aclara su comportamiento. Recibe entonces las gracias místicas y conoce sus primeras éxtasis.

El matrimonio va a permitir a la Señora Acarie practicar diariamente la humildad : demuestra ser una esposa constantemente obediente, procurando que no se disguste su marido por nada, soportando con humildad y paciencia sus órdenes, sus cambios de humor o de opinión. Pierre Acarie era bien consciente de ello y tuvo una reflexión interesante citada aquí por Monsieur Duval « Dicen que un día mi mujer será una santa, pero habré participado en ello. Hablarán de mí en su canonización por los ejercicios que le di »A. Duval, op. cit. p. 36.. En la educación de los seis hijos que van a nacer (tres niños y tres niñas) se la ve preocupada por enseñarles muy precisamente lo que es la humildad como fundamento de la vida espiritual : « Les iniciaba en la humildad, a la práctica de la cual quería acostumbrarles muy pronto ya que tenía mucha importancia para ella misma »A. Duval, op. cit. p. 41..

Los años 1594 a 1598 corresponden a un período de pruebas para Pierre y Barbe Acarie. En 1594, después de su abjuración y de su coronación, el Rey Henrique IV consiguió entrar en París triunfando de la resistencia de los miembros de la Liga. Como era miembro de la Liga, Pierre Acarie fue exiliado y le quitaron sus bienes. Fue una situación muy precaria para la familia Acarie. Barbe puso a sus hijos a salvo y ella siguió viviendo en París. ¡Si hacen falta, como se suele decir, humillaciones para ser verdaderamente humilde, a Madame Acarie no le faltaron ! Fue humillada, despreciada, incluso echada a la calle cuando pedía préstamos para hacer frente a las deudas, o cuando emprendía trámites a favor de su marido para conseguir su indulto.
Lejos de agobiarse por este cambio total, y por sus problemas de salud (se quedó minusválida tras haberse caído varias veces) sentía por ello « una alegría interior que le era difícil disimular » (San Francisco de Asís habla de « una alegría verdaderamente perfecta »). Según el mismo testigo, « cuando entonces uno de sus amigos venía para consolarla, le costaba mucho no echarse a reír ya que la consolaban de lo que para ella era algo muy agradable. » Más tarde, cuando mencionaba ese período de desgracias, lo llamaba « los buenos tiempos »Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-856v, 857r..

Después de este período de pruebas, en 1598, Barbe Acarie que tenía entonces treinta y dos años llegó a su plena madurez humana y espiritual. Seguía desarrollando una actividad benéfica para los desgraciados que eran muchos en ParísUn témoin parle d’une pauvre femme que madame Acarie secourait et qui ne pouvait s’empêcher de la traiter de « bigote » et de l’injurier copieusement. Ce que sa bienfaitrice supportait avec patience et se gardait bien d’en rire devant elle (!) Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235- 587v.. Por el hecho de que brillara espiritualmente, muchas personas venían a hablar con ella de su vida anterior incluso los religiosos o los eclesiásticos. Uno de los que se beneficiaron de este acompañamiento testifica que « era tan humilde en su función de guía de las almas que no tomó ninguna autoridad de mandamiento (hablaríamos hoy de directividad) sobre todas ellas»Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-857r.. La Señora Acarie prefería la persuasión a la manera de San Francisco de Sales. Por otra parte, sólo podía guiar una alma cuando le parecía claramente que era la voluntad de Dios.
Esta es la época en la que intervino de una manera u otra, en la reforma de varios monasterios y en la que va a participar en una tarea mucho más difícil. Animada dos veces por una visión de Santa Teresa de Jésus y con la ayuda de varios sacerdotes amigos suyos y el apoyo de sus contactos, organiza la venida de carmelitas españolas a París para introducir el Carmelo teresiano en Francia.

En sus diversas misiones, se enfrentó a incomprensiones u oposiciones, lo que no nos extraña. La gente a su alrededor decía que « soportó con gran alegria los insultos y las calumnias » que el diablo suscitaba para oponerse al bien que hacía  « para el establecimiento de la piedad y de la devoción »Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-857r.. Tenía una paciencia heroica y disimulada. Como lo señala un testigo,« deberíamos conocer los trabajos exteriores e interiores que le mandaba Dios purificándola así y por los cuales sufrió de manera muy humilde y pura callando su sufrimiento para evitar la ostentación y recibir menos alivioMère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-857v,858r. ».
Su humildad innata aparece sobre todo en su relación con la Corte. Mientras era honrada por los Grandes del Reino, incluso muy estimada por la misma Reina Marie de Médicis, que todo el mundo la admiraba por las gracias dadas por Dios y el éxito de sus acciones, no sentía ni la mínima complacencia. « La vi, cuando todavía vivía, en la habitación de la Reina con las grandes damas y princesas de la Corte cuyas caricias ni siquiera la cosquilleaban. Al contrario, podíamos ver por la modestia en su rostro, que todo aquello sólo servía para hacerle sentirse confusaPère Binet, 2233-357r. ». Lejos de querer mostrarse en noble compañía, prefería con mucho hablar con los pobres o los enfermos del « Hotel-Dieu »Sœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-387r..

En todas sus intervenciones, la Señora Acarie tenía conciencia de ser un simple instrumento entre las manos de Dios. Más tarde una hermana del Carmelo de Amiens la felicitó por sus acciones « en el mundo » y ella le contestó que « era como un palo que Dios después de haberlo utilizado, podría echar al fuego y que eso cuando quisiera »Sœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-387r.. Si estas palabras fueron pronunciadas por Barbe Acarie al final de su vida, traducen sin embargo su sentimiento de ser únicamente un instrumento y un instrumento deficiente !
Podemos producir aquí la célebre respuesta que le fue dada a la Madre Ana de Jésus, compañera de Santa Teresa. El acontecimiento se sitúa después de mediados de octubre de 1604, fecha de la llegada de las hermanas españolas al monasterio de la Encarnación en París del cual la Señora Acarie había vigilado la construcción. La Madre Ana de Jésus le preguntó un día, cómo había sido guiada por Dios y llevada a tomar parte en esa fundación. Sólo pudo obtener la respuesta siguiente por parte de Barbe Acarie : « Madre, mi única participación en esta actividad ha sido por las faltas que he cometidoA. Duval, 2236-335v., A. Duval, op. cit. p. 153, Bruno de J.M., La Belle Acarie, Desclée de Brouwer, Paris 1942, p. 326 et 358. ». ¡ Esta respuesta hoy en día nos sorprende y nos hace sonreír cuando consideramos todos los esfuerzos que hizo la Beata para llevar a cabo su acción a pesar de los obstáculos encontrados !

Después del establecimiento de las Carmelitas en París y considerado el aflujo de vocaciones, las fundaciones de Carmelos se multiplicaron a través del Reino de Francia : Pontoise en enero de 1605, y Dijon en otoño del mismo año, Amiens en 1606, Tours en 1608, Rouen en 1609 etc. A la muerte de la Beata en 1618, diecisiete monasterios habían sido fundados.
Desde 1602, LA SEÑORA Acarie supo que Dios la llamaba a entrar en el Carmelo. Durante su viaje a Saint-Nicolas de Port, cerca de Nancy, tuvo una visión : Dios le hizo ver que quería que fuese Carmelita, no hermana de Coro sino hermana lega o conversa. Podemos notar que aunque esta humilde condición le conviniera, el hecho de no formar parte de la coral representaba para ella una verdadera renuncia.
Esa llamada de Dios nos aclara la conversación referida por una hermana conversa del Carmelo de Pontoise :

« Antes de convertirse en religiosa, se encontraba un día en el convento con permiso. Vino a la cocina y me preguntó si quería tenerla como compañera en la función de hermana lega. Le dije que no merecíamos un tal bien. Entonces me dijo “Oh hermana !, tiene usted una condición muy buena. Si Dios me concediera la gracia de ser religiosa, no tomaría otra condición que ésta”. Es lo que hizo en cuanto tuvo la libertad de ser religiosa2236-68r. ».

Este recuerdo de Sor Anne de Saint-Laurent nos permite ahora pasar a la segunda parte.

2- La humildad de sor Marie de la Encarnacion, carmelita.

Después de la muerte de su marido (17 de noviembre de 1613), el arreglo de sus asuntos y a pesar de sus dolencias y enfermedades, la Señora Acarie emprende el camino del Carmelo como lo hicieron sus tres hijas antes que ella : Marguerite primero y luego Marie y Geneviève.
Es necesario recordar que la Beata entró en el Carmelo de Amiens cuando tenía cuarenta y ocho años, el 15 de febrero de 1614. Tomó el hábito al siguiente 7 de abril (que era la fiesta nueva de la Anunciación) recibiendo el nombre de Sor María de la Encarnación. Hizo su profesión el 8 de abril de 1615 o sea un año después. Al final del año siguiente, fue trasladada al Carmelo de Pontoise donde llegó el 7 de diciembre de 1616. Vivió allí hasta su muerte el día 18 de abril de 1618. Su estancia en el Carmelo de Amiens fue pues de dos años y casi diez meses y en el Carmelo de Pontoise de un año y un poco más de cuatro meses.

La Señora Acarie entró en el Carmelo como hermana lega o conversa según la visión que tuvo en Saint-Nicolas de Port. Estimaba que no merecía esta humilde condición ni incluso el estado religioso. Decía también que Dios le había hecho ciega y que si ella hubiese sabido reconocer lo que es la Religión (la vida religiosa), nunca hubiera tenido la fuerza de presentarse ante ella viendo su indignidadMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-357v.. Un día en una conversación, se extasió considerando la misericordia de Dios que la había admitido en la religión :  « ¡ A mí, hermana mía, cuánta misericordia después de tantos años habiéndome podrido en el mundo  !… »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358r..
Le costó mucho decidirse a tomar el hábito aceptándolo “por misericordia” y no “por justicia”, y de la misma manera le costó hacer profesiónMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358r et Sœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-385r.. Siempre demostraba su alta estima por la vida religiosa con una conciencia de su indignidad que la llenaba de confusiónPère Eustache de Saint-Paul, feuillant, 2235-600r.. Se extrañaba que sus compañeras pudieran soportarla y ella misma se consideraba « como la más pequeña y última novicia de las hermanas legas de la Orden » creyendo « ser la más imperfecta no sólo de la casa sino de toda la OrdenA. Duval, 2236-357v, Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-853r et Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-531r. »

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Se esforzaba minuciosamente en quedarse « en los límites de su condición de hermana lega » y hablaba habitualmente con las otras hermanas lagas o con las novatasMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358v.. Y lamentaba con frecuencia no tener « el espíritu de su condición », « el espíritu de una hermana lega, ese espíritu pequeño, bajo, por debajo de todo »Mère Marie de Saint-Joseph (Fournier), 2236-127v..
Empleaba la poca salud que tenía para los oficios considerados como los más bajos en la cocina. Su ambición más grande era ahora « lavar las escudillas, limpiar los calderos, pelar las hierbas (la verdura) » o « cortar el pan y prepararlo todo para la cena (el almuerzo) »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358r et sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-694r.. Hacía todas estas labores con un fervor extraordinario y reconocía que « Dios le acordaba más gracias durante estos ejercicios de abyección y que comunicaba más despacio con su corazón que durante la oración »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358r.. « entre los pucheros anda el Señor» notaba ya Santa Teresa de Jesús en el libro de las FundacionesCh. 5, 8..

Como veía únicamente « su nada » o « su miseria », sólo hablaba de ella misma « en términos de desprecio y de hundimiento »Père Eustache de Saint-Paul, feuillant, 2235-600r et Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358v.. Se llamaba habitualmente « orgullosa, incorregible y endurecida por el mal » y se comparaba a un pequeño trapo que uno tira o a un gusanillo que la gente aplasta con la punta del dedoSœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-698v et Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-853r.. De vez en cuando se exclamaba : « Soy un sapo hinchado por el orgullo » o también « miserable que eres, nunca habrás sido verdaderamente humilde »Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530r..
Le decía frecuentemente a su Priora de Amiens : « Madre, no tengo virtud » ; e insistía diciendo « no tengo ninguna virtud ». « Sólo sé un poco lo que es la virtud pero en la práctica, nada : no sé lo que es »Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530v.. Juzgándose a sí misma llena de faltas y de miserias, lo que no le extrañaba ya que se consideraba como basura de la cual no había nada que esperarMère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530v..

Si hay una cosa que la humillaba profundamente – todos los testimonios coinciden – era su obligación a usar una silla por culpa de sus dolencias y a reinar así en medio de sus hermanas sentadas más bajo que ellaMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358v.. A veces gritaba llorando : « Soy como un sapo hinchado por el orgullo. Aquí es donde mi orgullo destaca. Tengo mucho más que las otras, estoy sentada más alto que ellas para que vean mejor a la orgullosa que soy. ¡ Dios mío, trátame como me lo merezco !Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-700r, Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-850r.et Mère Marie de Saint-Joseph (Fournier), 2236-128r. ». Es que era bien consciente de poder ser tentada o sometida al orgullo en sus formas más insidiosasMère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-852v,853r..
La Beata « les pedía habitualmente a sus hermanas que la avisasen cuando pecara y se quejaba de que la dejaban envejecer con sus males como una pobre y vieja incorregible que no tenía ninguna apariencia de enmiendaSœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-388rv et Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530v. ». Varios testigos nos declaran que era pronta a la hora de acusarse de faltas « con tal exageración que parecía que era un alma totalmente desobediente y llena de soberbia »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358v..
Este es el testimonio producido por la Madre Marie de Jésus Acarie, su hija mayor, Carmelita en Amiens– Sœur Marie de Jésus, sous-prieure au carmel d’Amiens, a rempli le rôle de présidente en l’absence de la prieure non encore arrivée de Paris. Elle a rapporté plus tard combien l’obéissance de sa mère, venant lui demander avec déférence toutes les permissions, a été source d’édification pour les sœurs et… de confusion extrême pour elle-même. 2236-529v, 530r. :

« Cuando la Madre Priora de Amiens advertía de manera general a las hermanas sobre una falta o descuido, era después la primera en culparse por ello y siempre era la primera culpa que decía en el cabildo. Decía sus faltas en el cabildo con unas palabras muy exageradas y estaba humildemente confusa sobre ella misma : temblaba y tenía lágrimas en los ojos. No se podía ni verla ni oírla sin estar muy conmovido y lleno de devociónMère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530v, Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-851r, André Duval 2236-357v. ».

Esto era una práctica habitual en el Carmelo de Amiens y después en el de Pontoise donde según el testimonio de la Priora y de las hermanas, « hablaba siempre de sus faltas durante las reuniones »Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-530v., llevando mucho cuidado para admitirlas como otros para esconderlas !
Otro aspecto de su humildad era el respeto impresionante que les prodigaba a sus hermanas.

« A veces parecía que hubiera querido esconderse detrás de la muralla visto como se retiraba hacia ella y se agachaba ante ellas cuando pasaban y eso lo hemos visto muchas veces (…) y todas las hermanas recuerdan el profundo respeto y la humildad con que les miraba en cualquier reunión que fueseSœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-698r. ».

Esta actitud de respeto se traducía por una sumisión a todas las hermanas, sin diferencia ninguna con « una dulzura y humildad de niña »Sœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard) ; 2235-387v. : « Les obedecía a todas, satisfacía sus deseos, cuidaba su salud, las ponía de realce, se ponía al servicio de cualquiera de entre ellas sin distinciónA. Duval, 2236-356r. ». Cuando durante el invierno las hermanas estaban en el calefactorio, se ponía de buena voluntad en el sitio en el que el humo incomodaba (como más tarde en el lavadero, la pequeña Teresa eligió el sitio donde uno se mojaba más)Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-850v..

Sor María de la Encarnación llevaba « mucho cuidado para no mostrar nada bien sea en sus palabras como en sus acciones que fuese fuera de lo común »Mère Marie de Saint-Joseph (Fournier) 2236-129r.. Podéis imaginaros qué motivo de confusión constituían para la Beata las gracias insignes que recibía de Dios, sus éxtasis o sus estigmas interiores muy dolorosos. Se esforzaba por disimular « sus asaltos de amor divino, sus abstracciones y arrobamientos »Mère Marie de Saint-Joseph (Fournier) 2236-129r., o intentaba hacerlos pasar por consecuencias de sus enfermedadesMère Marie de Saint-Joseph (Fournier), 2236-129r. para « que no se viera nada en ella fuera de lo común »Sœur Anne de Saint-Laurent (de Saint-Lieu), 2236-68r.. Sus hermanas no eran inocentes pero le hacian el piego y hacían como si no supiesen nada para no aumentar su pena y su confusiónSœur Marie de Jésus (de Tudert), 2235-560r..
En la vida de todos los días, confiaba más en el juicio de los demás que en el suyo propioAndré Duval, 2236-357v. y « cuando reconocía la voluntad de Dios en cualquier asunto o dificultad que se le presentaba, nunca decía : « Es la voluntad de Dios. Hay que hacer esto » o « No hay nada que temer ». Sólo decía con su gran humildad : « Pienso que habría que hacer esto », o « Había pensado en ello » o « me parece que »… »Mère Marie de Jésus (Acarie), 2236-536v..

Aunque recibiera grandes luces sobre la vida espiritual, (« todo lo que concierne la vida purgativa, iluminativa y unitiva » según Mr. Duval)André Duval, 2236-358r., Sor Marie de la Encarnación, sólo dejó algunos relatos muy cortos (oraciones compuestas por ella) que fueron publicados unos años después de su muerte en 1622, bajo el título siguiente : Los ejercicios reales. Le contestó a una hermana que lo lamentaba : « Hace mucho lo hice pero lo quemé todo porque todo lo que sale de mí me parece sin gracia y tan bajo. Hay tantos grandes Santos que han escrito sobre estos temas, ¿quién soy yo para hablar de ello ?Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-698r. ».
¡ Era todo ella sin duda alguna !
Su salud era deplorable, lo sabemos. « Cuando la enfermedad la hacía quedarse en la cama se llamaba a si misma « el miembro podrido y suprimido »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-358v.. Durante su última enfermedad, para hacerla salir de su somnolencia y conseguir que dijera una palabra, sólo era necesario evocar una falta cualquiera :

« Le dije entonces que no estaba agradecida del bien que le hacíamos, que no nos decía nada. Enseguida contestó : “Es por culpa de mi orgullo; no obstante, odio la ingratitud”. Le dije que no hacía más que hablarnos de su orgullo. – ‘es verdad, es lo que soy.’ Lo que demuestra concluye Sor Marie de Saint-Joseph que se condenaba en todo punto2236-127v, 128r. ».

Al recoger estos rasgos de humildad de la Beata, pensé mucho en el capítulo segundo del Libro I de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz. El Santo trata del orgullo, y para hacernos entender el contraste describe las disposiciones y el comportamiento de los humildes. Son los mismos que se encuentran en María de la Encarnación como en una ilustración viva.¡ Practicó realmente lo que enseñó !

3- La enseñanza dada por la Beata sobre la humildad.

Empecemos por señalar que Sor María de la Encarnación en su calidad de hermana laga o conversa se abstenía de dar una enseñanza cualquier a los demás. Decía incluso según Mr. Duval : « Una conversa debe más escuchar callándose que hacerse escuchar hablando »André Duval, 2236-358r, Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-698v.. Callarse, escuchar, aprender de los demás : este era todo su programa.
Sin embargo en el Carmelo de Amiens, la primera Priora le pidió que hablase a las novicias para instruirlas. Una de ellas se acuerda de que la Beata cogió el libro de el Combate espiritual – obra de arte de la literatura espiritual redactada por el theatin italiano Lorenzo Scupoli (1530-1610) – y que les comentó simplemente los primeros capítulos que trataban de la desconfianza en si mismo y de la confianza en Dios que le parecían las bases de la vida espiritualSœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-648v..
Mr. Duval, respondiendo a la demanda de las hermanas, le obligó también después a darles una enseñanza. Nota que :

« no se estorbaba con preguntas o consideraciones elevadas sino que hablaba como una mujer ordinaria » (¡ Notemos la expresión !) « Si la conversación trataba de los dones admirables de Dios parecidos a los que ella tenía, no decía ni una palabra. Pero si, al contrario, era cuestión de humildad, entonces se animaba más y se dejaba arrebatar por una riqueza de expresiones, por una multitud de términos, por palabras llenas de profundidad que demostraban el apego que le tenía a esa virtud en el silencio de su corazónAndré Duval, 2236-358v. ».

Veamos ahora algunas de las enseñanzas dadas por la Beata inseparables del testimonio que ofrecía ella misma de su comportamiento.
Habiendo recibido de Dios una gran estima y experiencia de la virtud de la humildad, « amaba mucho a las almas que iban hacia Dios por ese camino que es el más corto y el más seguro. Decía que por otro camino nos engañábamos pero que por la humildad y el conocimiento de nosotros mismos, nos desengañábamos y desengañábamos al mundoMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359r. ».
Para ella, no había mejor uso de la gracia que humillarnos y abatirPère Eustache de Saint-Paul, feuillant, 2235-600v., y nada aseguraba más la progresión del hombre que el desprecio feliz de sí mismoAndré Duval, 2236-362r..
Se fundaba sobre todo en la contemplación de la humildad de nuestro Señor durante su vida, especialmente del desprecio del que sufrió en su pasión sobre la CruzMère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359v.. Un día que estaba mirando al crucifijo en su celda dijo :

« ¿Es posible que no abracemos el desprecio viendo a Dios reducido de manera tan extrema? Si tuviera que pedirle algo a Dios en esta tierra sería que me hiciera la gracia de ir por el camino del desprecio del Hijo de Dios, de ser abyecta ante mis ojos y los del resto del mundo. ¡ Dios mío, qué misericordia ! », y añadió enseguida : « ¡ Ay, no lo merezco! »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359v et Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-693r..

Les tenía mucho apego a las palabras del Señor en el evangelio : « Aprended de mí que soy bueno y humilde de corazón y encontraréis el descanso en vuestras almas » (Mt 11,29). Le gustaba también mucho la palabra del Profeta : «¿Sobre quién descansará mi espíritu si no es sobre el humilde y sobre el que teme mis palabras ? » (Es una adaptación de Isa í as 66,1-2)Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359v.. La comentaba así – ¡ me parece oírla ! – : « Es ahí, ahí es donde descansa el espíritu de Dios, ahí es donde vive en reposo : en esa alma que se hace siempre humilde, siempre baja, siempre pequeña, siempre temblorosa, que se queda en su bajeza, siempre temerosa y temblante ante DiosSœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-692v, 693r. ».
Como Santa Teresa de Jesús, la Beata insistía sobre el vínculo que existe entre la humildad y la verdad. Decía que la humildad era el espíritu de verdad que nos hacía ver la verdad de lo que somos en nuestra miseria y nuestra nadaSœur Marie de Jésus (de Tudert), 2235-560r.. Por haberlo leído en una vida de San Francisco, repetía que efectivamente sólo somos lo que somos ante Dios : « Hermanas mías, recuerden que sólo somos lo que somos ante Dios ; ¿por qué queremos parecer ante las criaturas si ante Dios sólo somos lo que somos?Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359r et Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-654r. ».
Tomando la comparación paulina sobre el tesoro llevado en una vasija de barro, afirmaba como el Apóstol que no debemos glorificarnos de las gracias recibidas por Dios :

« Sólo somos una vasija sucia de barro. Si el Rey nos coge para poner sus tesoros y riquezas dentro, será muy bonito pero en cuanto los quite, todo será como antes. De este modo somos ricos cuando Dios nos da sus gracias pero puede quitárnoslas en cualquier momento y nos quedaremos entonces con toda nuestra pobreza y miseriaSœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-388r, et Sœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-699rv. ».

¿Cuáles son las señales de humildad verdadera? Los testimonios nos dan verdaderas « máximas” de la Beata y éstas son unas cuantas muestras.

  • « Hay que ser bien humilde para reconocer sus faltas y culparse por ellas »Mère Françoise de Jésus (de Fleury), 2235-359r.. Nota que no querer reconocer sus faltas viene del orgullo escondido y de la ceguedad y que en el reconocimiento de sus faltas no hay que preciarse haciendo creer que son menos graves que en la realidadSœur Marie de Jésus (de Tudert), 2235-560r, Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-855v..
  • « Debemos alegrarnos cuando vemos que nuestras faltas son conocidas y que recibimos por ellas confusión y reproches (…) »Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-855r. porque es por ahí, precisa la Beata, que conocemos quiénes somos y vemos ese fondo de miseria y de orgullo que existe en nosotrosSœur Marie du Saint-Sacrement (de Marillac), 2235-693v, 694r..
  • « Debemos recibir los reproches de los Superiores como si viniesen de Dios reconociendo la miseria que nos concede (…) »Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-855v..
  • « No debemos extrañarnos si caemos pero es un orgullo intolerable el no querer ser corregido »Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-855v.. Nota a propósito de las caídas que Dios las permite frecuentemente porque confiamos demasiado en nosotros mismos y que no dedicamos toda nuestra fuerza a DiosSœur Marie de Jésus (de Tudert), 2235-560r..
  • « Cuando recibimos una pequeña penitencia para nuestras faltas, hay que abrazarla con amor y reconocer la misericordia de Dios. » En efecto, subraya que Dios se conforma con una pequeña penitencia de parte de los que hubieran merecido el infierno ( ! )Mère Jeanne de Jésus (Séguier), 2235-855v..

El último punto que desearía se ñ alar en la enseñanza de la Beata es la diferencia radical que establece entre la humildad y la pusilanimidad : la humildad es siempre generosaMère Marie de Jésus (Acarie), 2236-536v. en el servicio de Dios, no se apoya sobre ella misma sino únicamente sobre Dios ; al contrario, la pusilanimidad hace volverse cobarde y temeroso y se acomoda muy bien con la mediocridad.
Entre los testimonios sobre este tema he retenido el de Sor María del Santísimo Sacramento, hija de Michel de Marillac, Carmelita en el Carmelo de Pontoise. ¡ Prestemos atención a la descripción !

« Un día estábamos en su celda con ella. Vino a hablarnos de la humildad : como retiene siempre al alma en su deber, le hace sentir su nada, su bajeza (que no puede nada, que no es nada, y cosas por el estilo). Estaba tan absorta en el sentimiento de lo que decía que mientras hablaba de ese abismo profundo en donde se encuentra el alma que se conoce en verdad, se agachaba también exteriormente y su rostro estaba muy pálido. La miraba con mucha atención mientras estaba de pie delante de ella sin decir una palabra. Pensaba para mí misma con un sentimiento de repugnancia sobre lo que nos decía : ¡ Pero el que sea siempre así no sería valiente, no emprendería nada ! A penas había dejado de pensar en ello (…) se levantó como sobresaltando por encima de su asiento y derecha con un rostro bello y bermejo dijo con gran fervor y mirándome : « El alma humilde siempre es vigorosa, siempre es valiente, siempre está dispuesta a emprender grandes acciones pero en vista de Dios y no de sí misma porque no espera nada de sí misma, sino de Dios. La confianza que tiene en Dios le hace hacer grandes cosas2235-727rv. ».

Tenemos aquí un cuadro admirable que nos hace ver así c ó mo oír a la Beata María de la Encarnación en su humildad. Humildad de desconfianza en sí misma y de confianza en Dios que la « hacía ser una verdadera referencia en cuanto a Dios » nota con admiración una de sus compañeras del Carmelo de AmiensSœur Françoise de la Mère de Dieu (Richard), 2235-387v..

Conclusion.

Cuando leemos los diferentes testimonios de los juicios en vista de la beatificación, – teniendo incluso en cuenta la parte de amplificación propia a ese tipo de literatura – no tenemos más remedio que quedar impresionados por la personalidad y la santidad de la Beata María de la Encarnación. Sólo me he interesado para ustedes en la humildad pero habría que completar la conferencia con otros aspectos de su fisionomía espiritual. Otras conferencias podrán hacérselas descubrir.
No dudo de que algunas declaraciones o comportamientos de humildad que he recordado hayan podido sorprender, chocar o incluso ser sospechosos : ¡ culpabilidad excesiva o complacencia masoquista ! Pero hay que situarlos en esta disposición de fondo, inseparable de la unión a Dios, ese abismo de humildad que evocaba en la introducción, después de los testigos.
¿ Sin embargo, tal humildad no es más admirable que imitable ?. Hago así la pregunta porque me imagino que durante la conferencia este pensamiento puede haberles venido a la mente : tal humildad, al extremo, no es imitable en absoluto por nosotros, cristianos corrientes, incluso a veces menos que eso ! Sólo podremos admirarla de lejos, un poco como en la montaña admiramos desde abajo las cimas cubiertas de nieve, inaccesibles para nosotros.

Esta reacción es totalmente comprensible. ¡ Sin embargo, no debemos quedarnos en eso si no queremos apenar a la Beata ! No debemos olvidar que lo que viven los santos en su unión de amor con Dios es excepcional pero no extraordinario. Si sólo fuera extraordinario sería reservado a los santos como carisma propio, y no nos concerniría. En realidad viven en un grado excepcional de incandescencia lo que nosotros vivimos a un grado inferior de inflamación.
Si queremos ser discípulos de Cristo debemos ir a la escuela de nuestro Maestro « dulce y humilde de corazón », si queremos imitar a la Virgen María « humilde sirviente de Dios » debemos nosotros también entrar y progresar en ese camino de humildad que es también un camino de verdad (verdad con respecto a Dios, a los demás y a nosotros mismos) y como consecuencia un camino de libertad espiritual auténtica ya que la verdad nos hace libres. La humildad evangélica inseparable de la bondad es así para nosotros un camino hacia Dios. La felicidad y la recompensa de la humildad es presentir y descubrir al final la humildad de DiosSur ce thème, nous avons le beau livre du père François Varillon « L’humilité de Dieu », Le Centurion, 1974. En épigraphe est citée cette parole de Maître Eckhart : »La vertu qui a nom humilité est enracinée au fond de la déité ».. ¡ Porque Dios es humilde, absolutamente humilde y eso es un misterio deslumbrador !
Escuchemos esas cuantas líneas de San Juan de la Cruz por las cuales voy a acabar la conferencia. Estan extraídas del comentario de la estrofa III de la Llama Viva (n°6) :
« . . .y como él sea la virtud de la suma humildad, con suma bondad y con suma estimaci ó n te ama, e igual á ndote consigo, mostr á ndosete en estas v í as de sus noticias alegremente con este su rostro lleno de gracias y diciéndote en esta uni ó n suya, no sin gran j ú bilo tuyo :” Yo soy tuyo y para ti, y gusto de ser tal cual soy por ser tuyo y para darme a ti” » .