Detrás de nuestra Santa Madre, como una niña detrás de su madre

Detrás de nuestra Santa Madre, como una niña detrás de su madre

Es un hecho: escasos, por no decir inexistentes, son los estudios dedicados a comparar las figuras de la Bienaventurada María de la Encarnación y la Madre Santa Teresa.
Esta primera aproximación es reveladora: aquello que separa a estas dos grandes carmelitas -su estado civil, nacionalidad, temperamento, época,…- carece de importancia frente a lo que las une.
La misma experiencia de inhabitación divina, el mismo énfasis en la práctica de la caridad activa, el mismo celo apostólico, el mismo amor a la Iglesia, el mismo deseo de unión con Dios, la misma gracia de intimidad con Él, la misma contemplación de los sufrimientos de Cristo, el mismo abandono a Dios… Todo ello es muestra de cómo la bienaventurada María de la Encarnación –en quien se combinan una fuerte y rica personalidad y el ser una verdadera hija de Santa Teresa- es heredera del espíritu de esta.

« DETRÁS DE NUESTRA SANTA MADRE, COMO UNA NIÑA DETRÁS DE SU MADRE » ASV, Riti, 2236, f°734. En el resto del texto, para simplificar, solo serán mencionados los números de los volúmenes, junto a los folios del proceso de beatificación conservado en los archivos vaticanos.
o : Hermana María de la Encarnación, la amada hija de Santa Teresa

Conferencia de sœur Anne-Thérèse de Jésus, ocd

Este mes de octubre de 2005, en el que conmemoramos el cuarto centenario de la introducción en Francia de la Orden de Santa Teresa a cargo de Madame Acarie, constituye una muy propicia ocasión para reflexionar sobre la experiencia teresiana de esta última, es decir, para profundizar en la influencia que Teresa tuvo sobre Madame Acarie.

A primera vista, estas dos mujeres ¡tan solo parecen tener en común el ser ambas santas carmelitas descalzas! Presentan tantas diferencias en algunos aspectos de sus vidas…

TERESA entra en el convento a los veinte años, sin sentirse atraída, conteniéndose.
BARBE AVRILLOT siente una atracción vocacional hacia el servicio a los pobres desde la edad de catorce años, vocación a la que se opone firmemente su familia, lo cual la conduce a unirse en matrimonio a los dieciséis años y medio.

TERESA, monja, dedica aproximadamente veinte años a una vida religiosa que reparte entre Dios y los quehaceres mundanos.
MADAME ACARIE, esposa, madre de familia, inmersa en una vida mundana, experimenta una experiencia radical de Dios a la edad de veintidós años. Su vida espiritual alcanza rápidamente un alto nivel, y este nivel, a causa de su gran fidelidad a la gracia recibida, se irá incrementando constantemente sin interrupción alguna.

TERESA, por voluntad de sus directores, dejará una importante cantidad de escritos espirituales.
MADAME ACARIE quemará –debido a su gran humildad- lo que escribe, y después de su muerte, las rivalidades existentes en el seno del Carmelo francés provocarán la desaparición de la mayoría de sus cartas y de otros pequeños escritos espirituales.

TERESA recibe la gracia de una herida mística en el corazón, la cual describe detalladamente. A lo largo de los siglos, grabadores y pintores tendrán predilección por representar este episodio de su vida, de hecho uno de los más conocidos.
La joven MADAME ACARIE, recibe la gracia de los estigmas en el corazón, en la cabeza, en los pies y en las manos hacia los veintisiete años de edad. No obstante, no solo guarda el secreto, sino que impone el silencio a sus confesores durante toda su vida. Cabe destacar que sus estigmas son tan transparentes como el corazón transverberado de Santa Teresa. Hoy en día, estudios rigurososVer también "La stigmatisation" del Doctor Imbert-Gourbeyre, editado por Joachim Bouflet, Jérôme Million,1996. consideran que Madame Acarie es la primera francesa estigmatizada de manera auténtica, pero quién sabe…

TERESA aparece en la Historia como la Gran Reformadora del Carmelo, olvidando así por completo las inestimables ayudas con las que contó para la realización de su obra, como la del obispo de Ávila Don Álvaro de Mendoza, la de San Pedro de Alcántara, la de Doña Guiomar de Ulloa, la de diversos miembros de su familia e, incluso nos atreveríamos a decir que contó con la complicidad de otros muchos religiosos y religiosas.
MADAME ACARIE es muy poco conocida tanto en Francia como en la misma Orden del Carmelo. Su papel decisivo en la fundación del Carmelo francés, y, por consiguiente, en la propagación del Carmelo por Europa, ha sido casi olvidado, cuando no ninguneado, en favor del que desempeñaron otros colaboradores… de mayor renombre, cierto, ¡pero dirigidos por ella!

A los cuarenta y siete años, TERESA hace su entrada en la vida pública a través de la fundación de su primer monasterio reformado (1562).
A los cuarenta y ocho años, MADAME ACARIE, viuda desde hace poco menos de tres meses, renuncia a la vida mundana después de haber participado en la fundación de los primeros carmelos, e ingresa en el de Amiens (1614) en condición de hermana laica.

TERESA vivió cuarenta y siete años como religiosa, durante los cuales pasó por todas las etapas de la vida espiritual.
MARÍA de la ENCARNACIÓN tan solo vivió cuatro años dedicada a la vida religiosa, habiendo llegado ya a la cima de su vida espiritual.

Aún se podrían señalar otras muchas diferencias, como el hecho de que TERESA, en su juventud, gozara del amor de su familia, mientras que BARBE parece haber vivido en un hogar cristiano sin mucho calor humano, por decirlo suavemente (su madre era una mujer de carácter algo ’inestable’).

Aunque de salud delicada, TERESA jamás llegó a experimentar la extrema fragilidad de BARBE, quien, a partir de los treinta y tres años se vio obligada a desplazarse con la ayuda de muletas (dos bastones con forma de T).

Pero estas dos mujeres, movidas por la misma pasión por Cristo y su Iglesia, estaban hechas para encontrarse y para entenderse. La iniciativa de ese encuentro recayó sobre la Madre Teresa…
Aunque sabemos que Madame Acarie ya había oído hablar de ellaVer la conferencia de Christian Renoux, "Madame Acarie lit Thérèse d’Avila", ofrecida por la Association des Amis de Madame Acarie, 7 de octubre de 2001., su primer encuentro verdadero tuvo lugar durante la lectura de los escritos teresianos (recientemente traducidos y publicados en Paris). Y… ¡qué decepción! Madame Acarie experimentó muchas manifestaciones místicas por la gracia de Dios, pero ella lo vivía con el constante temor de ser presa del demonio. Rezó intensamente para lograr disminuir –e incluso suprimir- los efectos exteriores y espectaculares de estas gracias divinas. ¡Le disgustó tanto encontrarse todas estas experiencias –y mucho más- detalladamente descritas en la Autobiografía de la Madre Teresa y en su obra “Las Moradas” (o “Castillo Interior”)! Pero Teresa velaba por ella : “Un día, durante el transcurso de 1601, cuando Madame Acarie volvía a su casa después de asistir a la santa misa en el petit Saint Antoine, repentinamente le pareció ver la perfecta y gloriosa silueta de la bienaventurada Madre Teresa, y fue desde entonces que honró apasionadamente a esta santa. Anteriormente no había conectado con Teresa a causa de su gran aversión a las visiones y revelaciones descritas en las obras de aquella” (testimonio del padre Coton (2233, fº 64)).

Fue este el preámbulo indispensable para que Madame Acarie acogiera con el corazón abierto la misión que, de parte de Dios, Teresa le iba a confiar poco tiempo después.

Teresa de Ávila, consciente de los “sufrimientos” de la Iglesia de Francia, había dado a la fundación del Carmelo de San José su orientación decisiva : plegaria y austeridad para obtener la santidad del clero y la conversión de los herejes.
Afectados por esos mismos “sufrimientos” de la Iglesia de Francia, MADAME ACARIE y aquellos que la rodean buscan soluciones para recristianizar Francia desde la base. Madame Acarie realiza todo aquello que está a su alcance : prolongada dedicación a la oración; práctica asidua de los sacramentos; mortificaciones; cuidado de los enfermos; asistencia a los pobres; asistencia y ayuda en el parto; ayuda a la reconciliación de matrimonios en graves dificultades; atención de solicitudes para retirar a mujeres del pecado; acogida de huérfanos (dándose en cuerpo y alma a todo y a todos, tanto a pequeños como a mayores); atención especial a las abadías y conventos que intentaban reformarse tras la debacle causada por las guerras de Religión; socorro a las necesidades de los curas tanto en la pobreza material como espiritual,…
Es en este contexto en el que se comprende la intervención de la Madre Teresa y de sus palabras. Como ya sabemos, se le aparece a Madame Acarie dos veces (en un lapso de tiempo de varios meses), y le pide que se encargue de disponerlo todo convenientemente para la introducción de su Orden en Francia :  “Así como he enriquecido a España a través de esta célebre orden (el Carmelo reformado), y de la misma manera en que estás restaurando la piedad en Francia, haz todo lo que esté en tu mano para que este país se vea igualmente beneficiado de este inmenso bien”. (2236, f°330r).

Para la realización de esta misión, durante la cual Madame Acarie se encargará de que la autenticidad de los hechos sea convenientemente atestiguada por teólogos, esta empleará toda su energía y su “sovoir faire”. Es así como se convierte en la mayor colaboradora de la gran Santa Teresa, quien persigue, más allá de su muerte, un deseo que les es común a ambas : la “salud” cristiana de Francia. Pero las atenciones de Teresa para con Madame Acarie no se detienen ahí. Quiere hacer de ella no solo una colaboradora, ¡sino también una hija y una hermana!

Algunos meses más tarde, en julio de 1602, mientras el proyecto de la introducción del Carmelo reformado en Francia es aceptado por su entorno, MADAME ACARIE viaja a Lorraine y, mientras estaba rezando en la basílica de St Nicolas de Port, TERESA DE ÁVILA se le aparece de nuevo para comunicarle esta vez su futura condición de carmelita. En perfecta consonancia con las enseñanzas impartidas a sus primeras hijas españolas : “la humildad es la base fundamental de este edificio (tanto si se trata de una persona como de una Orden), pues, hermanas mías, para que este edificio tenga cimientos, intentad ser la más pequeña de todas…” (7D, 4, 8)Todas las citas de Santa Teresa han sido extraídas de las "Obras completas", traducción de M. Auclair, Desclée de Brouwer, 1964., TERESA le anuncia sin rodeos a MADAME ACARIE que entrará en el Carmelo en calidad de hermana laica, lo que esta última jamás había contemplado, pero que aceptará (no sin antes librar un breve pero intenso combate interior) justo antes de abandonar la basílica.

Después de encomendarle su misión y de anunciarle su futuro estado, la influencia de Teresa en la vida de Madame Acarie continúa manifestándose, tanto a través de los sucesos que a esta le acontecen como de las enfermedades que padece.
He aquí algunos ejemplos :
El año 1603 es testigo de cómo MADAME ACARIE asume gran parte de la agotadora e ingente tarea que supone tutelar y financiar la construcción del primer Carmelo de París en el suburbio de St. Jacques. Muchos la ridiculizan y la tachan de loca por, a su juicio, malgastar tamaña suma de dinero en la construcción de un convento más, obra que ni siquiera contaba con las autorizaciones de Roma ni de la orden.
Es en este preciso momento cuando se entabla un proceso contra MADAME ACARIE, quien es acusada de un supuesto aprovechamiento ilícito de una herencia por los parientes de una joven chica a quien Mdme. Acarie había orientado hacia la Abadía de Charmes.

MADAME ACARIE, previendo que "las intenciones de estas personas no lograrían más que producir gran escándalo en los espíritus, los cuales serían colmados de razones terrenales […] a través de  procedimientos contrarios a la devoción [el abogado de estas personas –que veían el material precioso que les caía en las manos- se preparaba para increpar a la bienaventurada, introduciendo en su alegato todo lo que esta hacía, particularmente el hacer venir a religiosas de España], trataba por todos los medios de apaciguar los agriados y engañados espíritus de aquellas gentes… Pero como estos estaban movidos por la pasión, habían quedado incapacitados para atender a las razones de Madame Acarie… Finalmente, cuando las cosas parecían dispuestas de la peor forma, Nuestra Madre Santa Teresa se le apareció y le aseguró que los parientes de esta chica templarían sus ánimos y renunciarían al pleito, lo cual se produjo al cabo de algunos días, para asombro de todo el mundo " (2236 f°97-98r).

Más tarde, cerca de tres años antes de entrar en la vida religiosa, MADAME ACARIE se vio fuertemente aquejada de una enfermedad muy grave de cuyo gravísimo alcance ofrece testimonio una pariente, María Tudert (viuda de Jean Séguier), quien la asistió durante su convalecencia. Cuando los médicos ya habían perdido toda esperanza de curación y "una infinidad de personas devotas, al tener noticia de su muerte próxima, habían acudido en muchedumbre, echándose de rodillas delante de su cama para obtener su bendición –a lo que ella se negaba humildemente respondiéndo que a ella no le correspondía ese cometido-, un día me rogó que hiciera salir a todo el mundo. Y después de atenderla a base de algunos pequeños remedios con mis propias manos, preguntó por el mantónMantón traído de España por les Madres fundadoras, y conservado después por la comunidad del primer carmelo parisino, actualmente en Clamart. de nuestra madre  Santa Teresa, el cual ya habíamos colocado nosotras bajo su cabeza a modo de almohada. Se durmió enseguida y pareció reposar inmersa en un sueño muy dulce…. Y a su despertar no sabía de dónde venía, diciendo que jamás había tenido un dormir tan plácido, y se sintió tan fortificada y tan cambiada que no parecía que hubiera estado tan enferma" (2235 francos ° 562-563).

Consciente de la predilección que la Madre Teresa tiene por ella, MADAME ACARIE le consagra una gran veneración. Y hete aquí que se presenta una hermosa ocasión para manifestar sus profundos sentimientos y su gratitud por ella : La beatificación de TERESA por Pablo V, que se efectuó en Roma el 24 de abril de 1614.
No conocemos exactamente el día en el que tuvo lugar en el Carmelo de Amiens la solemne beatificación,  pero fue el primer reconocimiento oficial de Roma de la santidad de la gran Fundadora del Carmelo descalzo. MADAME ACARIE había recibido el hábito del Carmelo hacía dos o tres semanas, por lo cual pasó a llamarse en lo sucesivo hermana MARIA DE LA ENCARNACIÓN. Puso un fervor tan grande y un cuidado tal en la preparación de esta fiesta y en la decoración de la iglesia que las hermanas quedaron asombradas (cf 2235 f°444).
"Cuando se celebró la fiesta de beatificación de nuestra Madre Santa Teresa en el convento, estuvo mucho tiempo trabajando mañanas y tardes, e incluso algunas veces por las noches… Tal era el apasionado fervor que le ponía, así como la belleza de su gesto virginal, que bastaba solo con mirarla para animarse. Nos decía : "coraje, trabajemos, es para nuestra Madre Santa", y orientaba enérgicamente su espíritu hacia la creación de nuevas ideas y a ayudar en todo lo que pudiese, pues tan grande era el alcance de su espíritu, que se implicaba en todo" (2235 francos ° 679-680).

Lo cual no es óbice para que, según otro testimonio, "el año en que fue beatificada, nuestra Madre Santa Teresa apareciósele a nuestra hermana bienaventurada, que formaba entonces parte del coro de Amiens. ¡Y la reprendió severamente por no haberla tenido en cuenta durante algún tiempo ni a ella ni a sus libros!" (2236 f°149r).

Todas estas manifestaciones sobrenaturales con las que Teresa colma la vida de MADAME ACARIE o Sor MARIA DE LA ENCARNACIÓN, son solo signos "exteriores" de una intimidad espiritual profunda, de una estrechísima simbiosis en su modo de comprender y de vivir la vida en Dios y en el Carmelo.

Como trazar un paralelismo completo sobre la espiritualidad de ambas sobrepasa los límites de esta comunicación –así como las competencias de la que escribe estas líneas-, bastará con acercar algunos de sus escritos para que el lector aprecie con profundidad la semejanza entre ambas y, además, cómo utilizan un modo de expresión que, en el caso de Madame Acarie, revela una personalidad y una experiencia vital absolutamente originales, alejadas de todo mimetismo a pesar del profundo conocimiento que tenía de la vida y de las enseñanzas de la Reformadora del Carmelo.

Misma experiencia de la inhabitación divina.

En el corazón de la espiritualidad carmelita, encontramos a un Dios próximo al hombre. Un Dios tan próximo porque está en nosotros. Es la toma de conciencia de esa presencia la que condiciona la manera en la que es entendida la oración : el infinito avance hacia ese Dios que está en el centro de nuestra alma. Esa es la experiencia que tuvieron nuestras dos santas, como así dejaron escrito :

TERESA escribe :
“No encuentro nada que se pueda comparar a la gran hermosura del alma y a su gran capacidad… A pesar de los bienes que puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura”. (1D1, 1-2)

“Que, a mi parecer, si como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, alguna me estuviera con Él”.
(Camino, 28, 9,11).

Y MADAME ACARIE :
"Considera, oh mi alma, otro beneficio y reconoce cómo tu interior es de una tan vasta capacidad que ninguna criatura sería suficiente para colmar el menor de sus deseos". (V.E., p.74)V.E. o Los "Vrais Exercices" (Verdaderos Ejercicios), así como las "Cartas" de Madame Acarie, son citas de "Ecrits Spirituels" (Escritos Espirituales), editados por Bernard Sesé, Arfuyen, 2004.
"Nada –digo- podrá vivir ni quedar en ti más que la sencillez y la pureza de la Santísima Trinidad, pues Dios es lo más íntimo y lo más puro de tu espíritu, que es lo más preciado que podrás hallar dentro de ti ". (V.E ., p. 71)

Misma importancia a la caridad para formar parte del Carmelo :

El Carmelo es el amor en el corazón de la Iglesia.

TERESA escribe :
“Aquí son solo estas dos cosas las que nos pide el Señor : amor a Su Majestad y al prójimo… La más cierta señal que, a mi parecer, hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que mientras más en este os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios” (5D, III 7,8).

Mientras que MADAME ACARIE se dirige en estos términos a Pierre de Bérulle durante las gestiones que realizó para hacer venir a las religiosas españolas :
"En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, le pido que elija espíritus en los que reluzca la virtud de la caridad, que no existe sin la verdadera luz, la de los corazones cordiales y llenos de amor, la de las almas enormemente compasivas con las necesidades del prójimo. Tome gran cuidado… en informarse si aquellas a las que usted desea traer son verdaderamente poseedoras de la virtud de la caridad". (Carta 2, p. 95).

Mismo celo apostólico, mismo amor a la Iglesia :

TERESA, en el Camino de Perfección, cuando relata la historia de su primera fundación, muestra cómo su amor hacia Dios la movía a la compasión para con su Iglesia, especialmente la que estaba en Francia, enfrentada a la herejía :

“En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta. Dime gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal… (Y junto a sus hermanas, rezaran…) todas juntas por los que son defendedores de la Iglesia… ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío… ¡Oh hermanas mías en Cristo! ayudadme a suplicar esto al Señor, que para eso os juntó aquí; éste es vuestro llamamiento, éstos han de ser vuestros negocios, éstos han de ser vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas, éstas vuestras peticiones…” (Camino de Perfección I, 2 y 5).

Al igual que Teresa, MADAME ACARIE vive con aflicción las desgracias de la Iglesia de su tiempo, mostrando una compasión especial hacia Inglaterra, donde los católicos estaban siendo entonces perseguidos :
"Mostraba un vivo padecer por las calamidades y las necesidades de la Santa Iglesia, así como  una fuerte compasión por Inglaterra. Cuando escuchaba decir que los herejes habían protagonizado algún desorden, palidecía y mostraba el pesar que la compungía a través del llanto, y decía "es de eso de lo que nos debemos ocupar, y es por eso por lo que debemos rogar”. Y nos incitaba a rezar por ello, siendo un espejo en el que mirarse más por el ejemplo que daba con su actitud que por sus exhortaciones al rezo… Nos decía que suponía para ella un disgusto enorme el contemplar, cada domingo por la mañana, cuando se dirigía a su parroquia de St. Gervais, a los herejes en sus carrozas dejándose arrastrar a la perdición. Ello la movía a dedicarse a la oración para conseguir la conversión de los herejes, lo que hacía con un celo y un fervor incomparable. " (2236, 147 r-v).

Mismo deseo de unión con Dios :

Su equilibrio entre lo humano y lo espiritual las lleva a buscar una vía común en su camino hacia Dios. Un camino que entienden despojado de toda manifestación extraordinaria, fuente de tantos equívocos.
TERESA, después de haber descrito, a petición de su confesor, los estados místicos más elevados que Dios le regala, reconoce lo siguiente :
“La verdadera unión se puede muy bien alcanzar, con el favor de nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos en procurarla, con no tener la voluntad sino atada con lo que fuere la voluntad de Dios”. (Castillo 5D-3,3).

“Mas de ser posible no hay que dudar como lo sea la unión verdaderamente con la voluntad de Dios. Esta es la unión que toda mi vida he deseado; ésta es la que pido siempre a nuestro Señor y la que está más clara y segura”. (Id.par.5).

Y, como un eco, MADAME ACARIE le escribe a su hija Marie, por aquel entonces carmelita en Amiens :
Es con Él (Dios) con quien debemos estar unidas, alejándonos decididamente de todo aquello que pueda impedir esta unión de la que nuestra Madre Santa habla tan bien en su libro del Castillo del alma, en el capítulo donde dice que solo el alma que vive religiosamente puede alcanzar esa unión íntima de nuestras voluntades con la de Dios. Te pido que reces intensamente por mí; yo, ayudada por la gracia, lo hare por ti”. (Carta n°11 p. 124).

Misma gracia de intimidad con Dios :

Ambas viven de tal manera la presencia de Dios, que no necesitan de la ayuda de libros en el momento de la oración. (También sabemos que ambas, en su humildad, procuran tener algún libro espiritual su alcance durante los tiempos destinados a la oración).
TERESA, en el relato de su vida, explica lo siguiente : 
“Cuando se quitaron muchos libros de romance, que no se leyesen, yo sentí mucho, porque algunos me daba recreación leerlos y yo no podía ya, por dejarlos en latín; me dijo el Señor. No tengas pena, que Yo te daré libro vivo. Yo no podía entender por qué se me había dicho esto, porque aún no tenía visiones (16). Después, desde a bien pocos días, lo entendí muy bien, porque he tenido tanto en qué pensar y recogerme en lo que veía presente, y ha tenido tanto amor el Señor conmigo para enseñarme de muchas maneras, que muy poca o casi ninguna necesidad he tenido de libros; Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades ¡Bendito sea tal libro, que deja imprimido lo que se ha de leer y hacer, de manera que no se puede olvidar!”  (Vida, 26,5).

Aunque en el caso de MADAME ACARIE el contexto sea diferente, su confesor, el Sr. Duval, dejó constancia de lo siguiente :
 “Elevada como estuvo por la Bondad Suprema a grados tales de contemplación, Madame Acarie no necesitó leer más libros. El Dios Todopoderoso, el Más Alto, la fuente de la verdad y de la luz inextinguible fue para ella el mejor de los libros, aquel en el que, aun entre tinieblas, era capaz de leer más claramente que en otros a pleno día. Para ella era la antorcha luminosa que precedía cada uno de sus pasos y cada uno de sus movimientos". (Duval, 2236,363 V).

Ante tamaños beneficios, ambas mujeres no pueden más que gozar de ese camino de miseria, reaccionando de la misma manera :

Mientras que TERESA exclama : “¡Bendito seáis, Señor mío, que así hacéis de pecina tan sucia como yo, agua tan clara que sea para vuestra mesa! ¡Seáis alabado, oh regalo de los ángeles, que así queréis levantar un gusano tan vil!” (Vie, 19,2).

De MADAME ACARIE se dice que :
"A menudo acudían a su boca las siguientes palabras : soy un gusano y no un hombre, el oprobio de los hombres y la abyección del pueblo " (2236-91v.).
Y decía sobre sí misma : "Cuando me miro, me veo tan miserable… que podrían aplastarme como a un pequeño gusano sin que pudiera yo objetar nada” (2235, franco ° 698).

Misma contemplación de los sufrimientos de Cristo.

Todos los santos, todos los grandes maestros espirituales meditaron largamente sobre la Pasión… ¡Esa Pasión que da prueba del amor que Jesucristo nos profesó!

TERESA aconsejaba a sus hijas de la siguiente manera :
“Fijad vuestra mirada en el Crucifijo y todo os resultará más fácil” (7D, 4,8)

Es esta una actitud que también encontramos frecuentemente en Sor MARÍA de la ENCARNACIÓN :
“Nuestras hermanas la encontraban muy a menudo en su celda besando con gran fervor los pies del crucifijo [y diciendo] : “Y bien, que podríamos decir al ver esto… ¿Será posible que no sintamos desprecio por nosotros mismos viendo a Dios reducido a tal extremo?” (2235,336 v).

Para TERESA, se trata no solamente de observar, sino de imitar a Cristo :
“Tomad, hijas, de aquella cruz… No hagáis caso de lo que os dijeren… Tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la cruz ni la dejéis. Mirad mucho el cansancio con que va… a los que vosotras padecéis…” (Camino, 26,7).

En cuanto a MADAME ACARIE, jamás se libró de ninguna de las numerosas cruces que encontró en su camino, como aquellas últimas con que topó cuando trataba de dar orientación a la orden del Carmelo.
En Pontoise, poco antes su muerte, “recuerdo que una vez la encontré bañada en lágrimas, de rodillas delante del crucifijo [de su celda]. Padecía entonces una de las más grandes aflicciones que había podido sufrir en su vida. ’Y hete aquí que miramos a Nuestro Señor en la cruz pero no queremos llevarla’, y me contó en relación a esto varios de los suplicios soportados por el hijo de Dios" (2236,106).

Getsemaní.

A veces, el mismo pasaje del Evangelio las inspira de diferente modo. Ambas contemplan con amor el Cristo en el Jardín de los Olivos, pero mientras que TERESA es sensible a la "soledad" de Cristo y procura acompañarlo…

“Tenía este modo de oración : que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y hallábame mejor a mi parecer de las partes adonde le veía más solo… En especial me hallaba muy bien en la oración del Monte de los Olivos… Allí era donde yo lo acompañaba. Pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido”. (Vida, 9, 3).

…MARIA DE LA ENCARNACIÓN, por su lado, incide sobre todo en que Cristo está acompañado, consolado por el ángel, para extraer de ello una lección de humildad. Una de sus compañeras religiosas escribe : "Tenía una devoción particular por la Agonía que Nuestro Señor soportó en el Monte de los Olivos, y a menudo nos decía que viéramos hasta qué punto el hijo de Dios había sido reducido, en qué manera se sometió a ello y recibió consuelo de aquella criatura, y lo aceptó… Y nosotras, débiles y miserables, no tenemos coraje para descubrir y reconocer nuestras debilidades y miserias y recibir así ayuda de la criatura.
Una persona le dijo un día que quería pintar un cuadro sobre este misterio, pero al decirle que iba a pintar a nuestro Señor solo, ella le dijo que por qué quería eliminar el objeto más importante, aquel que propiciaba que se mostrara la enorme humildad de Cristo : el ángel que consuela al Hijo de Dios prosternado y colmado de angustia! "(2235, 724).

Santa Marta

De la misma manera, las enseñanzas transmitidas por Santa Teresa y por la Bienaventurada al respecto de Santa Marta son sensiblemente distintas. El ejemplo de Santa Marta es interpretado como una invitación a la humildad por TERESA : “Pues pensad que es esta congregación la casa de santa Marta y que ha de haber de todo. Acuérdense que es menester quien le guise la comida, y ténganse por dichosas en andar sirviendo con Marta. Miren que la verdadera humildad está mucho en estar muy prontos en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos.” (Camino 17, 5, 6).

Mientras que la Bienaventurada MARÍA DE LA ENCARNACIÓN, en su plenamente asumida vocación de hermana “lega”, ve allí un ejemplo del amor hacia Dios y hacia el prójimo : “Ella me hablaba del afecto con que Santa Marta servía a Nuestro Señor y el gran amor con el que le preparaba la comida, y, llena de fervor, decía : ’Imaginad que Nuestro Señor está en tierra y que tenemos que servirle la cena… ¡Con cuánto amor y cuán fervorosamente lo haríamos! Pues así lo debemos hacer con nuestras hermanas, sirviéndolas como si fuera a Él mismo, con gran caridad y sin descanso alguno.’ ” (2235-764r.)

Es necesario remarcar que no encontramos en los escritos de Madame Acarie consideraciones relativas a la vida “perfecta” apoyadas en el ejemplo de Santa Marta y de María, como sí los encontramos en los textos de Santa Teresa, que ella conocía tan bien.
Santa Teresa escribió : “Marta y María han de andar juntas para hospedar al Señor y tenerle siempre consigo, y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer. ¿Cómo se lo diera María, sentada siempre a sus pies, si su hermana no le ayudara? Su manjar es que de todas las maneras que pudiéremos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben. (7D, 4,12).

La marquesa de Maignelay, una vieja amiga de Madame Acarie, nos ofrece un retrato que –sin referirse a Marta o a María– constituye una clara ilustración de esa vida perfecta, totalmente consagrada a Dios y al prójimo al mismo tiempo : “Estaba tan inseparablemente unida a Dios a través de los lazos sagrados de su amor, que su corazón y su pensamiento jamás se alejaban de ello y, a pesar de las mundanas ocupaciones que  acostumbran a separarnos de Dios a causa de una implicación demasiado grande de nuestros sentidos hacia lo terrenal, le servían a ella para elevarla aún más hacia Dios y para unirla a Él con mayor intimidad y perfección" (2236,395). Y, más adelante, escribe : “Observé que existía una adherencia tal entre el espíritu de esta Bienaventurada y Dios, que era capaz de alternar de manera asombrosamente fácil entre la acción y la oración, pareciera que su vida, aunque activa y agitada, hubiera consistido en tan solo una oración continua” (2236,403v). Y es ahí donde verdaderamente observamos a Marta y a María fundidas en una sola persona, según el voto de Santa Teresa.

Esa facilidad de pasar de la acción a la oración, la había adquirido Madame Acarie a base de su fidelidad a la presencia de Dios en ella (Cf. 2235, 618). “Si, hablando de algún asunto anecdótico acerca de su casa, o de cualquier otro asunto, o incluso de un asunto piadoso, si alguien la interrumpía, se callaba al instante, y en ese poco espacio de tiempo se volvía hacia Dios tan eficazmente, que olvidaba lo que venía diciendo antes… Aseguro que he visto esto muchas veces, lo cual da testimonio de la gran fidelidad que mantenía constantemente a Dios, estando siempre su espíritu vinculado a Él " (2236, 514). Este testimonio de su hija mayor, María, da cuenta de cómo Madame Acarie ya seguía, incluso antes de conocerlos, los consejos que ofrece Santa Teresa para cultivar la unión con Dios. “Si hablare, procurar acordarse que hay con quien hable dentro de sí mismo. Si oyere, acordarse que ha de oír a quien más cerca le habla. En fin, traer cuenta que puede, si quiere, nunca se apartar de tan buena compañía, y pesarle cuando mucho tiempo ha dejado solo a su Padre, que está necesitada de él. Si pudiere, muchas veces en el día; si no, sea pocas. Como lo acostumbrare, saldrá con ganancia, o presto o más tarde. Después que se lo dé el Señor, no lo trocaría por ningún tesoro”.  (Camino, 29,7).

Sin embargo, haciendo gala de su gran humildad, Madame Acarie continuará instruyéndose acerca de la que es la Madre espiritual del Carmelo :
“Al final de su vida, dos o tres meses antes de hacerse religiosa, dispuso de más tiempo para leer, y leía de muy buena gana el Camino de Perfección de Santa Teresa o los preceptos sobre la humildad del Padre Don Sans, de la orden de Feuillant, o alguna otra obra que tratara sobre la virtud, y sacaba provecho de todo ello, pues decía que, gracias a esas lecturas, era más consciente de su falta de virtud" (2236-813).

La lista de los paralelismos entre estas dos santas podría proseguir largamente : los mismos consejos para la oración y la ascesis, el mismo amor a la verdad, hasta la misma práctica de la pobreza con la misma exigencia de pulcritud; la misma asiduidad a la meditación sobre las Escrituras, el mismo acercamiento al sufrimiento en comunión con el de Cristo, el mismo pesar en su aproximación a la muerte por no haber querido suficientemente a Dios, y todavía muchas otras semejanzas más, entre las que cabe destacar una de las más importantes de todas : la entrega total de su voluntad a Dios, último fin del camino hacia Él. Es así precisamente, con ese sometimiento de la voluntad a Dios, como culminan los “Verdaderos ejercicios” :

"Señor…  Ahora me encomiendo enteramente a vuestra Santa Guarda y Protección, con el fin de que mi voluntad esté del todo y por todo conforme a la suya, y así lo hago de muy buena gana, ofreciéndome para recibir de vuestra muy generosa mano todo lo que queráis enviarme : sea consuelo o aflicción, salud o enfermedad, la muerte o la vida, y cualquier otra cosa, y por ello renuncio de tal modo a mi propia voluntad, que en ningún caso estoy dispuesta a poner objeción a nada que me acontezca”. (Verdaderos Ejercicios p. 83).

Estas líneas de Madame Acarie, nos remiten a aquel bello poema en el que Teresa de Ávila se pone “en manos de Dios” :

“Soberana Majestad,
…………………………..
Dadme muerte, dadme vida :
Dad salud o enfermedad,…………..
Dad consuelo o desconsuelo,
Pues del todo me rendí,
¿Qué mandáis hacer de mí?”
(Poesía II, p.1071-1072.). 

Para concluir esta pequeña presentación acerca del lugar que ocupa Teresa en la vida de María de la Encarnación, diremos que experimentar la proximidad de ambas es una gracia que ha sido concedida al Carmelo de Pontoise –si bien es cierto que sin exclusividad, se sobreentiende…-.

Poco tiempo después de su muerte, la Hermana María de la Encarnación vino, en compañía de Santa Teresa a visitar a la Madre Agnès de Jésus, subpriora, que fue la primera novicia de Pontoise. Esta última comprobó, casi con asombro, que “ambas estaban a la par en la gloria" (Duval, La vida admirable, 1623 p. 778).
La Madre Luisa Jourdain, la primera religiosa profesa del Carmelo de Pontoise y, en aquel tiempo, priora del Carmelo de Borgoña, recibió una visita del mismo género :

“Poco después del feliz óbito de nuestra hermana Bienaventurada María de la Encarnación, nuestra Madre Santa vino para visitar este alma santa (Luisa Jourdain) trayendo consigo a nuestra hermana bienaventurada María de la Encarnación, que la seguía con su velo blanco sobre la cara, y se recogía en silencio detrás de nuestra Madre Santa como una niña detrás de su madre”.

Es un hecho : en el Carmelo de Pontoise, Teresa de Ávila y María de la Encarnación quedarán  ligadas para siempre, no solo en los corazones de las religiosas, sino que también en la configuración de los espacios : desde 1617, a petición de la hermana María de la Encarnación, se habilitará en un granero una pequeña ermita dedicada a la que todavía solo era la Bienaventurada Madre Teresa, y, además, la única capilla de la Iglesia fue dedicada a Santa Teresa de Ávila el año de su canonización (1622), en la cual se instalará posteriormente el mausoleo de María de la Encarnación, financiado por María de Médicis en 1626-1627. Atraídos únicamente por Dios, los peregrinos vendrán en muchedumbre a esta tumba, y es la Madre Juana de Jésus (Séguier) quien nos ha dejado constancia de que “todo el pueblo llama a esta capilla “de la hermana bienaventurada María de la Encarnación" aunque nosotros (los carmelitas) siempre decimos que es “de santa Teresa” (2235-876 r)”.
En 1639, la misma Madre Juana haría transformar en oratorio la pequeña enfermería donde había muerto la hermana María de la Encarnación, y mandaría realizar también una inscripción en uno de los elementos decorativos –que ha llegado hasta nosotros-, en el que aún hoy constan las diversas visitas que Santa Teresa realizó a la moribunda con tal de darle fuerzas y consolarla.

Hoy en día todavía existe en el monasterio un bello cuadro que recuerda el siguiente acontecimiento : Una de las últimas visiones de María de la Encarnación sobre su lecho de muerte fue la de “ver al Señor volverse hacia la Madre Santa Teresa de Jesús dándole en agradecimiento –por todas las penas que  había sufrido durante el proceso de fundación de la Orden- una rosa de admirable belleza " (Duval, La Vida admirable ed. 1623 p. 415-416). La confidente de esta gracia comenta : “No sé si aquella rosa la representaba a sí misma, puesto que podríamos considerarla una rosa excelentísima por la gran semejanza que hay entre su vida y la naturaleza de esta flor” (2236,30 v).

Por nuestra parte, no vacilamos en considerar a la Bienaventurada María de la Encarnación como esa rosa de belleza pura ofrecida por el Señor a Santa Teresa de Ávila, como símbolo premonitorio de las numerosas fundaciones que tuvieron como origen próximo o lejano el primer Carmelo de París, fruto de los esfuerzos de Madame Acarie.

Sor Ana-Teresa de Jesús
Carmelo de Pontoise – 15 de octubre de 2005.