Las redes franciscanas de la Señora de Acarie

Las redes franciscanas de la Señora de Acarie

La Señora de Acarie, franciscana: bajo este título a primera vista sorprendente, el padre Godofredo de París (1886-1950) publicó durante la segunda guerra mundial un estudio sobre los lazos mantenidos (entretenidos) por la bienaventurada carmelita – y principal introductora del Carmen reformado en Francia – con los hermanos y las hermanas del Poverello. "Asombrosa Bienaventurada, escribía el capuchino sabio, en la que se encuentran, sin agregarse ni confundirse, dos serafismos: el de san Francisco y el de santa Teresa". En la descendencia de este trabajo pero ensanchándolo (extendiéndolo) en la que se inscribe la comunicación del Señor Pedro Moracchini.
La presentación de las numerosas relaciones franciscanas de la Bienaventurada conduce a descubrir sin sorpresa que había hecho suya la frase célebre de san Francisco: " somos sólo lo que somos ante los ojos de Dios ", asimilando así un punto capital del mensaje franciscano.

LAS CONEXIONES FRANCISCANAS DE LA SEÑORA ACARIE

Conferencia de monsieur Pierre Moracchini

Señora Acarie, franciscana : bajo este título, a primera vista sorprendente, el padre Godefroy de París (1886-1950) publicó durante la Segunda Guerra Mundial un estudio sobre las conexiones establecidas entre la beata carmelita – y principal introductora del Carmel reformado en Francia – y los hermanos y hermanas de PoverelloAnnales franciscaines, t. 76, 1940, p. 131-134, 168-172, 202-207, Écho des Annales franciscaines, 1945, p. 9-13, Annales franciscaines, t. 77, 1945, p. 25-28, 46-51, 100-102.. “Sorprendente beata, escribió el sabio capuchino, en quien se encuentran, sin mezclarse ni confundirse, dos serafismos : el de San Francisco y el de Santa Teresa”. Es en la línea de ese trabajo que nos inscribimosGracias a la hermana Anne-Thérèse del Carmel de Pontoise y al padre Luc Mathieu, ofm, por su ayuda preciosa.. El padre Godefroy de París se había centrado en los años de adolescencia de Barbe Avrillot en el monasterio de las clarisas de Longchamp, y en sus relaciones con los hermanos menores capuchinos. Ampliaremos la propuesta y demostraremos que la señora Acarie ha establecido relaciones con diversos componentes de la familia franciscana, con una predilección por los más reformados. Con este propósito procederemos a una relectura de las fuentes más fiables relativas a la señora Acarie (su biografía realizada por André Duval, cuya primera edición remonta a 1621, así como algunos testimonios del proceso de beatificación), para señalar las huellas de sus múltiples vínculos franciscanos.

Longchamp y el parentesco franciscano de la señora Acarie

“A los once años, o un poco más, ingresó como interna al monasterio de Longchamp, conocido como “Nuestra Señora de la Humildad” del orden de Santa Clara cerca de París, teniendo allí una tía materna llamada Sor Ysabel Lhuillier : Fue ahí que le empezó (…) a gustar el espíritu de la devoción, gusto que permaneció en ella desde entonces (…) Durante esta estadía en Longchamp tuvo un feliz encuentro que siempre consideró un especial favor de la bondad divina : fue allí instruida por un sabio cura del orden de San Francisco, el confesor de las Hermanas, que, gracias a su docilidad y fervor le hablaba más a menudo que a sus compañeras, y le dio una muy buena instrucción. Pero lo que le sirvió todavía más fue la maestra de las novicias, de nombre Sor Jeanne Mailli quien, por su virtud inminente y gran fervor, fue elegida Abadesa del Monasterio, de manera que, con el consentimiento de ambos, tomó la Primera Comunión a los doce años. (…) A los catorce años, tras haber permanecido en Longchamp poco más de tres años, sus padres manifestaron la voluntad de que volviera a casa, y allí volvió. Durante su corto período de tiempo en que permaneció en el monasterio quedó profundamente grabada en su corazón el modo de vida religioso, el privilegio de servir a Dios sin cesar, y la gran seguridad de estar alejada de los peligros a los cuales estaba expuesta en le mundo La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, religieuse converse en l’Ordre de Nostre Dame du mont Carmel, & fondatrice d’iceluy en France, appelée au monde, La Damoiselle Acarie, par M. André Du Val, Docteur en théologie, l’un des supérieurs dudit Ordre en France , Paris, A. Taupinart, 1621, p. 3-9. ”.

En primer lugar, este repaso de los años en Longchamp (1577-1580) nos permite introducirnos en el entorno familiar franciscano de la beata. Las genealogías que se conservan en el Carmel de Pontoise demuestran que sus parientes Franciscanos no se limitaban a Sor Isabele Lhuillier, su tía materna clarisa. En la familia Lhuillier no solamente había una monja más en Longchamp, su tía abuela Renée, sino que también un tal Philibert, quien se dice haber sido “provincial de los cordeleros de Borgoña”. Se puede imaginar nuestra sorpresa al descubrir que ese mismo Philibert Lhuillier fue elegido Delegado general del capítulo general de Asís de 1517 (durante el cual la orden de San Francisco se dividió entre Conventuales y Observantes), y que estuvo también presente en el capítulo general siguiente (Lyon, 1518), esta vez como ministro provincial de la provincia de Borgoña (Saint-Bonaventure). Aunque es improbable que Barbe Avrillot haya conocido su tío abuelo, el hecho de que haya ascendido a posiciones de tanta responsabilidad en el orden de San Francisco pudo haber tenido un impacto real en el entorno familiar. En su familia paterna, la señora Acarie cuenta con un capuchino, un primo hermano (o un tíoLa cuestión permanece sin respuesta; el nombre Raoul Avrillot, capuchino, mencionado por Godefroy de París, no aparece en las genealogías de Pontoise. Consta, sin embargo, un tío de la señora Acarie de nombre Raoul Avrillot, pero su muerte se dió en 1585. Es posible que uno de sus hijos fuera Raoul, el futuro capuchino.) de Barbe : Raoul Avrillot, que ingresó al orden en 1588, bajo el nombre de Nicolas de París, y murió en Saint-Honoré en 1595, “tras haber vivido santamente durante siete años”, precisa el mejor necrólogo de los capuchinosEl registro necrológico titulado “du Titre”, que se conserva en microfinha en la Biblioteca Franciscana de los capuchinos..

Nótese que en parientes más lejanos se incluyen dos capuchinos inminentes, el padre Joseph de París (François Leclerc du Tremblay) y el padre Honoré de Champigny (Charles Bochard). Nótese que Margueritte Lottin, madre de Pierre Acarie, era sobrina de Marie Lottin, la abadesa de Longchamp entre 1560 y 1566.

Volviendo al texto de André Duval, descubrimos que lo que revela acerca del tiempo que la adolescente pasó con las clarisas urbanistas puede sorprender el historiador Franciscano. Longchamp era precisamente lo opuesto del monasterio decadente que tantas veces se describe. Fue ahí que Barbe empezó a “gustar el espíritu de la oración”. Para ella era “un especial favor de la Bondad Divina” haber tenido como director espiritual el confesor de las monjas clarisas – un cordelero de la provincia de Francia de nombre Pierre Villette, la maestra de las novicias de Longshamp se describe como una religiosa de virtud inminente. Más tarde, durante el exilio de Pierre Acarie, Barbare confió sus dos hijas a LongchampA. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 107., y mucho más tarde antes de ingresar al Carmel de Amiens como novicia, “sólo estuvo en Longchamp, donde fue alimentada de pequeña, para despedirse de las hermanas de allí, y darles las gracias por el honor y beneficio que había recibido de ellas, les dijo que se haría religiosa para ser la sirvienta de las sirvientas de Dios, según el ejemplo que había tenido allí en su temprana juventudIbid., p. 320 ”. André du Val nos deja una imagen del monasterio de Longchamp extremadamente positiva.

La vida regular experimentó verdaderos sobresaltos. Durante el proceso de beatificación, Sor Marie de Jésus (de Tudert), una prima de la Señora Acarie, reconoció que “el monasterio de Longchamp, donde esta servidora de Dios tuvo sus primeras impresiones de piedad y devoción, fue apartada de la estricta observación de la regla por las revoluciones del tiempo y entre las perturbaciones de la guerra”; aunque este testimonio también añade que “viendo la apertura hacia una reforma que mostraban, y que las almas de las religiosas estaban dispuestas a recibirla, dedicó todas sus fuerzas y diligencias a una obra tan santa, que Dios condujo hacia un final tan feliz, de manera que desde entonces ese monasterio vive en la absoluta observancia de la reglaRITI 2235, f° 556 v° ”.

Este valioso testimonio sugiere que la Señora Acarie contribuyó a la reforma de Longchamp similar a las que pudo llevar a cabo en otras comunidades femeninas. Para el historiador franciscano, esta sugerencia de la influencia de la Señora Acarie en Longchamp es una invitación a reconsiderar la historia de este monasterio clarito en la época moderna.

Los capuchinos

Benoît de Canfield, Ange de Joyeuse, Raphaël d’Orléans, Pacifique de Souzy, Ange-Raphaël de Raconis : todos estos religiosos capuchinos participaron, de una manera o de otra, en el famoso “Cenáculo”  del palacete de la familia Acarie. Esta es una cuestión bien conocida en que no es necesario insistirVéase Godefroy de Paris, "L’Ecole de Saint-Honoré", Cahiers de spiritualité capucine, n° 2, Paris, 1995, 138 p. (una compilación de una serie de artículos de la Revue Sacerdotale du Tiers-Ordre, entre 1947 y 1949). Es, sin embargo, necesario centrarnos en ciertos pasajes significativos del texto de André Du Val en que se demuestra esta influencia de los capuchinos. El papel de Benoît de Canfield (1562-1610) en la vida de la beata fue determinante, ya que logó aliviar las angustias provocadas por el fenómeno místico en que se vio sumergida. El episodio tuvo lugar en un corto período (el verano de 1592) durante el cual el capuchino inglés fue su director espiritualBenoît de Canfield vivió en el convento en Meudon hasta septiembre de 1592, siendo después asignado a Oréans. En este momento la señora Acarie tomó a un cartucho parisino, Dom Beaucousin, como consejero espiritual. A. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 117. :

“Por fin, a través de la ayuda de un sacerdote de la orden de los capuchinos, con el cual habló en casa de la señora Billard, una viuda de gran devoción, sintió un gran alivio, porque entre los enseñamientos que le trasmitió, le aseguró que todo había venido de Dios, porque hasta entonces, aunque había estado tan cambiada (como hemos visto) no osó certificarse, no sabiendo qué decir cuando confrontada con tales éxtasis y embelesamientos que le asaltaban, y me dijo (…) que fue como si este buen Cura le levantara físicamente una roca de encima de su corazón, porque antes su corazón estaba y oprimido y apretado del miedo y la aprehensión Ibid., p. 34.”.

Pacifique de Souzi (1555-1625), uno de los directores espirituales capuchinos más apreciados de su época, “comunicaba frecuentemente y en particular”Ibid., p. 85. con la Señora Acarie. Siendo él mismo un místico, el padre Pacifique conocía profundamente el alma de la beata, como lo demuestra claramente la lectura de su testimonio en el proceso de beatificación, con fecha de 2 de junio de 1618 :

“Me parece que ella era bastante cuidadosa en escuchar hablar a Dios en ella para obedecerLe y ocuparse o estar ocupada con Él con un verdader espíritu de la sagrada oración y sólida devoción. Y que ella llevó una vida verdaderamente activa de purgación consigo misma y hacia los demás, y que llevó una vida iluminativa, contemplativa para ella misma y para la salvación de los demás, y que llevó una vida verdaderamente unitiva en comunión con Dios, unió esas tres vidas en armonía para con ella misma y con os demás; me parece que no respiraba ni aspiraba, en todos sus movimientos, intenciones y acciones, interiores y exteriores y en todas las circunstancias pensaba solamente estar en conformidad con Nuestro Señor Jesucristo, y que aspiraba y procuraba en sí misma y en los demás amar a Dios y al prójimo con un amor verdaderamente puroRiti 2233, f° 75 r°-v°. ”.

El entorno de la señora Acarie incluía miembros de su familia y su servicio, que pone en contacto con los capuchinos. André du Val cuenta la trágica historia de Étienne, el joven sirviente de la casa de los Acarie : “acudió una vez a las oraciones de las cuarenta horasUna oración devocional particularmente cultivada por los capuchinos. con lo curas capuchinos, donde rezaba el venerable padre Ange de la ilustre casa de Joyeuse, y durante todo el tiempo tuvo el miriñaque de la joven doncella pegada a él, hasta que le produjo un apostema en el costado. Esta herida le provocó la calentura típica de este mal, y falleció algunos días más tarde en una de las habitaciones de los Eclesiásticos cerca del monasterioA. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 75 ”.

Florent Boulenger, los recoletos y las clarisas de Verdun

Establecidos en Paris un cuarto de siglo después de los capuchinos y contando con menos figuras carismáticas, los recoletos no eran extraños al mundo de la señora Acarie. Uno de esos franciscanos reformados merece particularmente nuestra atención : Florent Boulenger, que “tenía mucha consideración y estima por la santidad de esta señora, por haber hablado con ella muchas veces de asuntos que versaban sobre la gloria de DiosRiti 2236, f° 419 r°-v°.” (testimonio de Nicolas Le Febvre de Lezeau). Florent Boulenger había ingresado en el orden de los cordeleros de Beauvais en 1575, a la edad de 16 años. Deseando “reformarse a sí mismo”, la palabra de orden de su tiempo), viajó a Roma, se quedó durante algún tiempo en los primeros conventos de los recoletos en Aquitania, llegando finalmente a Verdun, el punto de reunión de los cordeleros de la provincia de Francia que deseaban adoptar las reformas. El 13 de enero de 1602, renovó sus votos. Pero el movimiento reformista también ocurrió en las mujeres, y desde entonces Florent Boulenger tiene un papel fundamental en la reforma de las clarisas urbanistas de Verdun, llamadas frecuentemente “recoletas”, porque dirigidas por los recoletos.

Durante estos viajes nuestro recoleto y la señora Acarie se cruzarán por primera vez. Florent Boulenger se empeña activamente en el reclutamiento para el monasterio. Con la ayuda de los Jesuitas de Verdun, intenta que Alix Le Clerc (la fundadora, junto con Pierre Fourrier, de la Congregación de Notre-Dame) ingrese en la comunidad, pero sus esfuerzos fallan. Florent Boulenger prosiguió su búsqueda de reclutas en todos los frentes incansablemente. Mientras que se desconoce cómo se estableció el contacto (lo más probable es que se haya hecho por intermedio de los jesuitas), fue gracias a estos esfuerzos que Judit-Florence d’Abra de Raconis tomo el hábito en Verdun bajo el nombre de Sor Florence de Saint-JosephCuriosamente el Carmel de Verdun se ubica actualmente en el antiguo Monasterio de las clarisas..

La Señora Acarie, escribe André du Val, “abrazó la misión de traer la Señorita Florence d’Abra de la familia Raconis a Lorena para hacerse recoleta en la ciudad de Verdun, donde las Hermanas de Santa Clara habían antes sido reformadas bajo la dirección de los padres recoletos. Su marido, el señor Acarie y el padre de Berules la acompañaron en este viaje, y tras haber llevado a esta joven a la religión, se fueron a Saint Nicolas de Lorena”A. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 174-175.

Fue durante el viaje a Lorena (julio de 1602), un punto esencial en el itinerario espiritual de la beata, que tendría el primer encuentro con el reformador recoleto. Se seguirían nuevos encuentros, según el testimonio de Nicolas La Febvre de Lezeau. En 1603, Florent Boulenger fue elegido primer “custodio” de la “custodia”Un subgrupo de conventos dentro de una provincia. de recoletos en la provincia de los cordeleros de Francia, residiendo a menudo en París. Durante los años 1603-1605, participó en la fundación del gran convento de faubourg Saint-Laurent (cuyos edificios, situados cerca de la moderna Gare de l’Est, fueron restaurados recientemente), pero tras una serie de conflictos internos, a los recoletos de la custodia de la provincia de Francia no les estaba permitido ocupar el nuevo establecimiento. Florent Boulenger empezó la búsqueda de un nuevo sitio para sus hermanos, y optó por Saint-Denis­ – el mismo lugar en que, en vida de San Francisco, los primeros hermanos menores se habían establecido antes de su fundación en Paris. La difícil instalación en Saint-Denis se evoca en el capítulo que André Du Val dedica al “don de la profecía” de la señora Acarie :

“El padre Florent de la orden de los recoletos, habiendo trabajado arduamente para el establecimiento de una casa de su orden en la ciudad de Saint-Denis en Francia, viendo que no alcanzaba progresos, como los religiosos de la gran Abadía, que tenían el control del local, no querían dar su permiso a pesar de las insistentes demandas hechas por varias personas ilustres, consideró la posibilidad de abandonarlo todo y volver a su provincia. Sor Marie de l’Incarnation, habiendo tomado conocimiento de su decisión, le anunció que bajo ninguna circunstancia debería partir, y que los religiosos de la Abadía pronto le darían su consentimiento, lo cuál hicieron, justo cuando la situación parecía francamente desesperadaA. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 462.”.

De hecho, los recoletos lograron establecerse en Saint-Denis, y la primera piedra de su iglesia se colocó el día 11 de febrero de 1607.

Las clarisas del Ave María de París

Si la señora Acarie acompañaba la joven d’Abra de Raconis al monasterio de Verdun, también guió varias jóvenes hacia el Ave María de París. “Les dio algunas buenas señoritas”, escribe André Du Val, que “se instalaron con mucho valor”. La beata tenía una efectiva predilección por el monasterio parisino. Esta conexión fue probablemente facilitada por la proximidad geográfica del palacete de Acarie y el Ave María (en el barrio de Marrais), pero fue sobre todo el resultado de la gran vitalidad del monasterio – una vitalidad unánimemente atestada por todos los observadores. El biógrafo de la señora Acarie contribuye al excepcional testimonio que lo confirma, de los años 1598-1601 :

“Ella amaba y estimaba enormemente el monasterio del Ave María del Orden de Santa Clara, y las alababa frecuentemente por haber permanecido desde su fundación en su simplicidad, austeridad, clausura y pobreza iniciales exactamente de la misma forma : y me dijo una vez (Dios, según creo, todavía no le había revelado nada del orden de los Carmelitas) que si fuera libre de hacerlo, no hesitaría en ingresar al ordenIbid., p. 142.”.

Así, a principios de 1600, la Señora Acarie pudo haberse visto a sí misma como una monja de Ave María… Y está claro que cuando empezó a contemplar la introducción de los Carmelitas en Francia, continuó a recibir la influencia del modelo de las clarisas de París. En el capítulo titulado “Lo cuán valoraba la pobreza”, Andre Du Val explica “que desde el principio, mientras estaba hablando de la fundación del orden de los carmelitas en Francia, insistía que el monasterio de la Incarnation no recibiera renta : pero que debería haber personas que fueran por la ciudad juntando almas en nombre de las hermanas, como hacían los capuchinos, y las hijas del Ave María. Y si no fuera por el hecho de que el Parlamento, tras haber verificado las lettres“lettres patentes”, ordenó que, por su decisión, el monasterio debería recibir una renta regular, habría insistido vigorosamente para que el monasterio siguiera la regla de mendicidad que (como repitió varias veces) era una gran riqueza para la ReligiónA. Du Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 603”. (Nótese que las clarisas capuchinas aquí mencionadas fueron fundadas en 1606, y que eran soportadas por hermanos capuchinos recolectores de almas, imitando al Ave María de París.)

La señora Acarie era, pues, una visitante regular del Ave María, y trajo frecuentemente su entorno familiar con ella. Para el Jubileo de 1601, trajo consigo a Jacques Gallemant (uno de los futuros superiores de las Carmelitas), lo alojó en su casa, y lo llevó a confesar en el Ave María. Placide Gallemant, recoleto y pariente de Jacques, explica : “allí todos los niños, sirvientes, parientes y amigos de esta santa señora, aprovechándose de su inesperada fortuna, hicieron una confesión general con él. Una multitud de otras personas de todas las condiciones y situaciones acudieron a él para reconciliarse con Dios por los esfuerzos de su desvelo, y por la energía del Sacramento del que había sido el santo Ministro. En París se decía frecuentemente que todos os que hacían su confesión general con el Señor Gallemant parecían llevar con ellos una extraordinaria garantía de salvación. Esta tarea le mantuvo seis semanas preso a un confesionarioLa Vie du vénérable Prestre de J.C. M. Jacques Gallemant, docteur en théologie de la Faculté de Paris, Premier supérieur des Carmélites en France, &c. par le R.P. Placide Gallemant Récollect, Paris, Edme Couterot, 1653, p. 51-52.”.

¿Y san Francisco?

Además de la evocación de algunos de los vínculos de la señora Acarie al mundo franciscano, sería posible dar todavía más detalles relativos a muchos de ellos, y aun descubrir otros nuevos. De hecho, un cierto Vincent Mussart, mientras buscaba su vocación, descubrió un comentario sobre la regla de la Tercera Orden en la biblioteca “de la M. Acarie, marido de Sor Marie de l’Incarnation, antes de que ingresara al Orden de las Carmelitas” Histoire générale et particulière du tiers ordre de S. François d’Assise , A Paris, G. Josse, 1667, p. 121-122.. Así, el reformador de los Terciarios Franciscanos Regulares (los famosos penitentes de Picpus, o tiercelins) estuvo en contacto con la beata.

Independientemente de estas conexiones franciscanas, uno se puede preguntar sobre hasta qué punto la señora Acarie tuvo un real conocimiento acerca de San Francisco. En este punto debemos remitir a las informaciones preciosas de André du Val, en particular en el capítulo dedicado a su “fervor y devoción” :

“Tengo en mis manos una pequeña memoria en la cual está escrito que un día le contó a alguien dos cosas que le ayudaron mucho al guiarla hacia el servicio a Dios. La primera fue la que leyó en la vida de San Francisco. Escribió que en realidad no hay nada más que lo que somos a los ojos de Dios, y esto permaneció tan fuertemente en su alma, que durante varios días no podía pensar en nada más. La segunda cosa fue que, mientras leía un otro libro, (el de Monsieur Roussel) notó la siguiente verdad : ella, para quien Dios no era suficiente, es demasiado avariciosaDu Val, La Vie Admirable de Sœur Marie de l’Incarnation, op. cit., p. 626.”.

Es necesario un examen más detallado de estas “dos cosas”. Lo que afectó tan profundamente a señora Acarie es un fragmento de la vida de San Francisco. Esta información tiene que ser verificada. De hecho, el capítulo seis de la Legenda Major de Saint Bonaventure (la única biografía de San Franciso conocida y publicada en la época de la señora Acarie), se encuentran pasajes que contienen material bastante similar al encontrado en el relato de Du Val : Francisco “tenía placer en repetir esta máxima : el valor del hombre el exactamente el valor a los ojos de Dios, y nada más”Legenda Major, 6.1., Saint François, Documents, París, 1981, p. 611. (Sed et verbum hoc dicere solitus erat : Quantum homo est in oculis Dei, tantum est et non plus).

Así, la señora Acarie recordaba bien lo que probablemente leyó en Legenda Major. Mientras que esto es bastante significativo en sí mismo, podemos ir todavía más lejos. De la edición de Wadding de los Opuscules de San Francisco de 1623 (una edición necesariamente desconocida para la señora Acarie), sabemos que San Beonaventure estaba solamente transcribiendo al pie de la letra una admonitio , uno de los enseñamientos breves de Poverello : “Bien aventurado el siervo que no se tiene por el mejor cuando es magnificado y exaltado por los hombres, cuando es tenido por vil, simple y despreciado, porque el valor del hombre es lo que vale delante de Dios, y nada más Admonition 19, François d’Assise, Ecrits, 1981 (“Sources Chrétiennes” 285), p. 108-109.” (Quia quantum est homo coram Deo, tantum est et non plus).

Con esta máxima que “permaneció tan fuertemente en el alma” de la señora Acarie “que durante varios días no podía pensar en nada más”, nos encontramos en presencia de los mismos pensamientos de San Francisco de Asís y prácticamente, a través de una traducción del Latín, leyendo sus propias palabras. Esta es una conclusión esencial : del contacto de la vasta familia Franciscana de su tiempo, la señora Acarie retuvo y asimiló particularmente un punto fundamental del mensaje franciscano, que “mucho le ayudó en guiarla hacia el servicio de Dios”.

“Señora Acarie, una franciscana”… En última análisis, el título del estudio del padre Godefroy de París se adapta perfectamente a nuestra beata.